domingo, 15 de enero de 2017

VIDA DEL PADRE (Testimonio del Rvdo. Won Pil Kim)

VIDA DEL PADRE

(Testimonio del Rvdo. Won Pil Kim)

14 de octubre de 1979
Me gustaría que entendieran que cada vez  que empiezo a hablar acerca de la vida del Padre no puedo evitar las lágrimas. Esto es embarazoso para mí, pero no puedo evitarlo, así que, por favor, entiéndame. Cuándo tenemos ganas de llorar y podemos hacerlo nos sentimos aliviados, pero ¿Qué pasa con el Padre? Él llora muchísimo pero logra no mostrarnos sus lágrimas; para él no es tan fácil como para nosotros llorar espontáneamente. El que puede llorar es más afortunado que el que quiere llora y no puede hacerlo.

Cuando Dios ve al Padre viviendo su vida paso a paso, perseverando a través de dificultades increíbles durante estos 40 largos, largos años y aún más, por Dios, conteniendo sus lágrimas para simplemente continuar, El se siente aliviado y afortunado. El día que Dios mismo pueda deshacerse en lágrimas nuestro Padre podrá llorar con Él. En ese día el Padre podrá llorar tanto como su corazón desea.

¿Y cual será el día en que Dios pueda llorar? Nosotros no entendemos el sentimiento de soledad y abandono completos del corazón de Dios por haber perdido absolutamente todo, ni el del corazón de nuestro Padre al consolar a Dios; por eso actuamos como queremos y somos como niños. Pero cuando maduremos lo suficiente como para derramar lágrimas en profunda comprensión del corazón de Dios y de nuestro Padre, ese será el día en que Dios también podrá llorar. ¿Cómo el Padre puede derramar lágrimas cuando quiere que sigamos adelante? Él nos alimenta porque nos ve como hijos pequeños, queriendo y tratando de seguir adelante. ¿Cómo puede llorar cuando nosotros no podemos entender su tristeza?

Primero debemos entender que nuestro Padre está tan hambriento como nosotros, él no es diferente en ese sentido. No recibe ninguna fuerza especial de Dios, así que se siente agobiado por el cansancio como nosotros. Siente júbilo como nosotros, así como esa tristeza abrumadora. Pero él es un campeón que ha perseverado y trabajado más que nadie en el pasado. Puede parecer que el Padre no ha trabajado en exceso si simplemente lo miramos, pero muchos miembros muy espirituales del comienzo de la Iglesia de Unificación en Corea han dado testimonio de que cuando ellos rezaban a Dios para que les mostrara lo tristes y cargados de dificultad que Dios y el Padre se sienten, el cielo les revelaba que el corazón de Dios esta llenó de cansancio y dolor. Cuando el cielo le muestra a una persona el corazón del Padre esa persona no puede parar de llorar. Esa es la respuesta del cielo.

Es fácil comprender esto situándonos simplemente en la posición del Padre. Cuando nosotros escuchamos el Principio Divino sentimos una fuerte urgencia de difundir por el mundo entero esas palabras que Dios esta diciendo. El primer impulso es contarle a nuestro mejor amigo y luego testificar a nuestros vecinos. Pero a menudo la gente no sabe escuchar y nos sentimos exhaustos. Entonces lloramos a Dios. Cuanto más tratamos más nos cansamos y pronto no queremos volver a intentarlo. Pero entonces nos damos cuenta de que la gente está muriendo en la oscuridad y comenzamos de nuevo. Cuando volvemos a testificar sentimos la necesidad de llorar como lo hicimos antes, pero nos damos cuenta de que ya no podemos hacerlo. Aunque interiormente estamos profundamente angustiados tratamos de no demostrarlo; y, por el contrario, intentamos parecer felices. Esto es porque deseamos mostrar esperanza a la gente. Ustedes saben que difícil es el crecimiento espiritual, y saben lo que les espera a sus hijos espirituales. ¿Cómo pueden mostrarles sus lágrimas y hacerles perder la esperanza? Nosotros simplemente actuamos con más frecuencia y más fuerza de la que sentimos en el momento, hasta que ellos pueden crecer y compartir nuestro mismo sentimiento. A través de esta experiencia podemos entender cómo se sienten Dios y nuestro Padre hacia nosotros. Recordando esto me gustaría recorrer profundamente alguna de las experiencias de nuestro Padre.

Yo vi al Padre por primera vez en julio de 1946.  En ese momento él tenía 27 años,  edad coreana, y 26 Años según el sistema occidental. La Segunda Guerra Mundial terminó en el Pacifico el 15 de Agosto de 1945. Corea había estado bajo severa persecución japonesa desde 1905, pero aún en esos momentos Corea era una nación unida. Además, como resultado del acuerdo entre Rusia y Estados Unidos, Corea fue dividida en dos de la noche a la mañana y el libre paso desde Corea del Norte a Corea del Sur se hizo imposible. En 1946, casi un año más tarde, la frontera estaba vigilada tan severamente que el paso era difícil en extremo, era como tratar de cruzar el muro de Berlín.

EL PADRE PARTE HACIA COREA DEL NORTE


En ese momento el Padre ya estaba casado y tenía un hijo de dos meses. El 6 de junio el Padre dejó su casa para hacer una diligencia para su familia y, mientras caminaba en esa dirección el cielo le indicó ir de inmediato a Corea del Norte. Obedeció ese mandato y se fue, sin volver nunca a su casa a despedirse de su esposa. De algún modo logró cruzar la frontera tan severamente custodiada y entró en Corea del Norte, en Pyongyang.

El Padre visitó primero todas las montañas sagradas famosas de Corea del Norte, dedicándose completamente a rezar por el Cielo y la humanidad; y conoció muchas personas de gran fe que también oraban allí. Yo lo conocí poco después de su regreso de su viaje a Pyongyang, un mes después de su llegada a Corea del Norte.

Visitó muchos lugares famosos y mucha gente espiritual hasta que llegó a la casa de un patriota muy conocido en toda Corea (este hombre más tarde vino a América y finalmente murió aquí). En ese tiempo la hermana de este hombre estaba muy enferma. Era una mujer muy vieja y le habían tratado muchas veces sin éxito, así que cuando el Padre visitó esa casa le pidieron que rezara por ella. Él lo hizo y ella se  sintió  mucho mejor. Pero más tarde el Padre se le apareció en sueños y ella vio un pergamino, como los que se usan comúnmente en Corea para grabar palabras de sabiduría, que sé desenrollaba ante ella. Ella comprendió que las últimas palabras significaban el fin de su enfermedad; pero el Padre había omitido una parte de caracteres chinos esencial, sin la cual el significado no era completo. Ella se dio cuenta de que él había hecho casi todo pero que aún había algo que ella debía hacer; supo que nadie podría curar 100% una enfermedad, sino que también ella tenía alguna responsabilidad para curarse completamente. El Padre mismo contó esta historia a los primeros miembros de la Iglesia y yo la escuché en ese entonces.

Durante esos primeros meses en Pyongyang el Padre estuvo en una casa donde vivían 2 parejas. Esos matrimonios estaban buscando tan seriamente una guía del cielo que mucho antes de conocer al Padre habían comenzado a vivir como hermanos y hermanas, sin tener ninguna relación física. El Padre vivió allí durante algún tiempo y empezó su trabajo de Iglesia en esa casa.

Durante los 40 años de dominación japonesa  no había libertad de culto en Corea y las Iglesias estaban oprimidas de muchas maneras. Las autoridades exigían que todos adoraran al emperador japonés, lo que por supuesto, no hacía ningún cristiano. Las iglesias se fueron vaciando a medida que los cristianos se retiraban a practicar su culto en sus casas, en grupos pequeños. Sin embargo, cuando en 1946 llegó la liberación, los cristianos fueron libres nuevamente de practicar en sus iglesias, así los grupos cristianos crecieron con rapidez del fuego y el espíritu se elevó más que nunca.

En 1946, el cristianismo sólo tenía 100 años en Corea, pero la fe de la gente tenía un estándar extremadamente alto de espiritualidad. Muchas personas y grupos recibían revelaciones de que Cristo llegaría a Corea. Un grupo en especial era muy fuerte espiritualmente y tenía gran fe en lo que había recibido. A ellos se les indicó que su responsabilidad era guardar en secreto sus revelaciones y prepararse para el Señor que estaba por llegar y ellos entregaron todo lo que tenían a la espera de ese suceso. Pyongyang a menudo era llamada la Jerusalén del Cristianismo en Corea; cualquiera que estuviere en búsqueda de una gran verdad espiritual se dirigía tarde o temprano a Pyongyang, que se transformó en una ciudad altamente espiritual. Algunos coreanos cristianos tuvieron allí experiencias espirituales simplemente fantásticas. Quizás Pyongyang era un foco, porque los misioneros cristianos llegaban primero a Corea a través de Manchuria, no desde el Sur. El pueblo del Padre estaba muy cerca del límite con Manchuria, y Pyongyang estaba cerca de allí.

Quisiera contarles un poquito acerca de la sociedad coreana de ese entonces. Corea era una nación ermitaña, no como América o Europa. No había igualdad en absoluto entre hombres y mujeres; se desaprobaba el hecho de que las mujeres recibieran una educación, aunque todos los hombres que podían iban al colegio. Se enfatizaba que la mujer debía mantenerse pira y casta para prepararse para el matrimonio. Como resultado, las pocas mujeres que aprendían a leer y escribir lo hacían en sus casas, no en colegios. Y al no recibir educación aún las mujeres de más alto rango no podían leer la Biblia; pero el mundo espiritual mostraba en sueños y visiones el significado de la Biblia a aquellas mujeres que buscaban ansiosamente comprender. Ese tipo de sucesos era común, y era aceptado por la gente de fe.

La costumbre social del momento prohibía a la mujer cruzarse en el camino de un hombre, eso no se creía correcto o amable. Una esposa decente nunca comía en la misma mesa que su marido, sino que siempre esperaba hasta después, entonces se sentaba en el extremo de la mesa y comía las sobras. Lo que hoy se llama amor libre era completamente inimaginable, y la elección de pareja estaba completamente en manos de los padres. Ellos buscaban y decidían cual era el mejor, y la opinión de su hija no tenía la menor importancia.

Esta era la cultura coreana de ese momento, y es importante comprender cómo trabajó el Padre bajo estas circunstancias. De otro modo nunca podríamos entender el verdadero significado que hay detrás de sus acciones.

EL CRISTIANISMO EN COREA DEL SUR


El estándar cristiano era muy alto en esos años, muchas Biblias estaban ajadas por el uso y los rincones de las páginas estaban redondos en vez de cuadrados. Aunque muchas personas no sabían leer, ellos habían cantado los himnos tan a menudo que los sabían de memoria. En general sólo los recién llegados necesitaban cancioneros, y las congregaciones vociferaban sus canciones con gran sentimiento. Es era la profundidad de su fe.

Yo a menudo veía al Padre con su Biblia, hasta que un día la mire de cerca. En cada página tenía marcas rojas, y en el margen, una escritura más pequeña que una semilla de sésamo, el Padre había escrito frases y frases. Su Biblia estaba llena de comentarios y reflexiones.

Los cristianos devotos, así como muchas personas religiosas no cristianas, solían ir a las montañas a orar profundamente, y, como consecuencia, mucha gente recibía revelaciones del Cielo. Algo sorprendente acerca de sus experiencias es que recibían revelaciones muy similares al Principio. Sin embargo, los ministros a menudo enseñaban en la iglesia algo que era bastante diferente a esas revelaciones, aún a pesar de que la gente que las recibía eran cristianos devotos. Hoy aún en América se respeta y se honra a los clérigos, pero en Corea, en aquel tiempo, ellos recibían más que respeto. Las congregaciones los tenían casi como que fueran Dios, y cuando ellos hablaban la gente les creía completamente. Las personas tenían plena confianza y obediencia absoluta a sus ministros y, naturalmente, cuando no podían llevar a cabo alguna instrucción dad por ellos se sentían condenados o como si estuvieran a punto de morir.

Aquí hay un ejemplo de lo que estaba ocurriendo en ese tiempo. A los cristianos se les enseñaba que Jesús había venido a morir por la humanidad y que nos había salvado a través de su muerte; ellos creían que con sólo creer en Jesús estaban incondicionalmente salvados. Pero cuando recibían revelaciones, estas indicaban que Jesús no debía morir en la cruz para salvar a la humanidad. Además, estos cristianos siempre habrían creído en el pecado original, pero ahora el mundo espiritual estaba revelando algo acerca de la naturaleza del pecado original que era muy distinto de lo que las iglesias enseñaban. Ninguna de esas personas sabía el Principio Divino, pero muchas habían vislumbrado algo de él por el mundo espiritual, por ejemplo acerca de cual fue el pecado original, o acerca de cual era la misión que Jesús tenía que cumplir, así como muchos otros puntos.

Cuando las personas que estaban practicando su culto en sus casas recibían revelaciones se sentían llenas de júbilo, pero al mismo tiempo enfrentaban el dilema de que eso era diferente de los ministros enseñaban. Ellos no podían creer que los ministros estuvieran equivocados aunque todo indicará que la revelación era cierta. Durante la ocupación japonesa, ellos no  podían discutir sus revelaciones con libertad, por lo tanto, después de la liberación, cuando ya eran libres de hablar entre ellos en las iglesias, los cristianos iban allí con gran entusiasmo seguros de que el ministro les daría una buena respuesta. Cuando les contaban a sus ministros que el Cielo les había revelado que Jesús no vino a morir, ellos se asombraban y confundían, y debían decidir que responder. Finalmente ellos decidían que de algún modo Satán había estado trabajando y que esas personas debían orar más y con más fuerza para que Satán no volviera a engañarles.

Esto no es difícil de comprender. Hace 30 años muchas de las personas que habían recibido revelaciones eran gente simple de las montañas, que solo tenían la educación que habían recibido en sus casas y cuyo conocimiento de la Biblia provenía de las revelaciones que recibían en sus oraciones. Los ministros no podían creer en las revelaciones que recibía gente tan simple.

Naturalmente esa gente sentía que si el Cielo les había revelado a ellos, siendo tan simples, esas profundas verdades seguramente los ministros habrían recibido las mismas revelaciones. Por lo tanto las personas esperaban que ellos entendieran. Pero por el contrario, los ministros les decían que malos espíritus habían estado trabajando, entonces las personas se sentían descorazonadas y sentían que lo único que podían hacer era volver a rezar para entender. Y cuando rezaban recibían el entendimiento de que el ministro estaba equivocado, lo que les dejaba en una situación completamente difícil, sin saber hacia donde ir.

Este fenómeno era muy común en 1946, cuando el Padre llegó por primera vez a Corea del Norte. Pronto se extendió la noticia acerca de este joven profundamente espiritual que venía del Sur y que practicaba su culto no sólo en espíritu sino también en verdad. El Padre podía dar una explicación muy clara a las revelaciones que recibía la gente y que los ministros no podían aceptar, y esto aliviaba tanto a las personas que ya no volvían a sus antiguas iglesias. Además de episodios como este Dios decía a mucha gente que no había oído nunca acerca del Padre que si iban a cierto lugar encontrarían a un hombre joven de Corea del Sur que era el Señor que ellos habían estado esperando y deseando. Inclusive recibían un mapa muy detallado que mostraba cómo encontrarlo. Y esto no pasó sólo una o dos veces sino muchas más.

Mucha gente estaba buscando seriamente alguna instrucción del Cielo venía a visitar al padre con la fe de recibir esa guía, y muchos de ellos se quedaban. Especialmente las mujeres no tenían la  de ir y venir como desearan de las casas de sus padres o suegros, por lo tanto su visita al Padre era algo de vida o muerte. De todos modos, las mujeres que buscaban con fuerza saber la verdad del Cielo habían pasado muchas pruebas de vida o muerte. A menudo habían rezado que estaban dispuestas a morir por conocer el camino correcto a seguir, y cuando oían acerca de este joven del Sur, lo único que les importaba era seguirlo a cualquier costo. La gente encontraba al Padre de muchas maneras distintas en esos días.



LA IGLESIA EN PYONGYANG


Uno de mis primeros recuerdos de la Iglesia del Padre es de cuando escuché la Padre enseñar el curso de dos días acerca del libro de los Romanos en el NT. Eso fue en Julio, la estación más cálida en Corea. La iglesia era muy pequeña, un ambiente de 10 pies cuadrados aproximadamente (3 metros cuadrados); y estaba completamente llena, tanto que no entraba ni una persona más. El Padre tenía 27 años y hablaba en una forma de lo más fuerte y dinámica. Todos conocemos la fuerza del Padre ahora que está cerca de los 60 años, pero en su juventud su enseñanza era como el rayo y el trueno.

Cuando terminaba un sermón su ropa chorreaba como recién sacada del agua. Él podía sacarse su camisa y escurrir el sudor de ella, literalmente. Quizá, cualquiera puede transpirar así en verano, pero las ropas coreanas de invierno tienen grueso tejido de algodón para guardar el calor contra el frío tan crudo. Pero incluso en invierno la ropa del Padre nunca estaba seca; el algodón absorbe mucho agua, pero aún en invierno el Padre tenía que escurrir su ropa después del sermón.

Hoy, en las sesiones de entrenamiento seguimos un horario con comidas y recreos, pero en aquellos días el Padre nunca seguía un horario fijo. Empezaba a hablar y no paraba nunca para un recreo, pero todos estaban tan absortos que sólo escuchaban, durante horas y horas. Nunca pensaban en ir al baño, sólo se retiraban cuando finalmente tenían que irse por alguna razón. No había descanso. Ustedes pueden pensar que los discursos del Padre son largos ahora, pero en realidad no lo son en absoluto. Yo me sorprendí mucho cuando vine a América y me di cuenta de los sermones tan cortos que el Padre estaba dando aquí. No era así en Corea, allí un sermón duraba, como promedio, de 6 a 8 horas y sin traducción. Equivaldría  a 16 horas, aquí con traducción.

La gente que oía al Padre por primera vez a menudo estaba tan impresionada que se intoxicaba con lo que el Padre decía. Sin darse cuenta, empezaban a hablar y profetizar. Algunas veces hablaban en lenguas y otra persona se paraba para traducir lo que estaba diciendo. Muchas veces esas personas temblaban, claro signo de sensitividad espiritual. Ese temblor o vibración era frecuente, algunas veces se apoderaba de todo el grupo. La gente no lo hacía voluntariamente sino por influencia espiritual. Muchas veces estaban tan sobrecogidos que aún a pesar de ellos se paraban y bailaban.

También se veía a menudo escenas dramáticas en la Iglesia de ese tiempo, y más tarde en Corea del Sur. No sólo iba gente seria, sino también gente cínica e incluso mala. A esas personas no se las podía identificar con sólo mirarlas, pero uno de nuestros miembros se paraba, recorría el camino a través de la multitud sin tropezar siquiera con un miembro del grupo, y se dirigía hacia una de esas personas para darle una poderosa patada o golpe en el costado. Nadie sabía lo que estaba pasando por la persona golpeada se ponía a llorar arrepintiéndose y pidiendo ser perdonada.

La espiritualidad era tan grande en ese ambiente que la congregación entera quedaba sobrecogida por ese fuego espiritual. Una verdadera electricidad espiritual se expandía por el grupo como el fuego, y en ese momento podía sentirse realmente un calor blanco que venía de afuera hacia adentro. Ese calor era muy intenso, pero nunca incómodo. Traía alivio momentáneo de las preocupaciones y cuidados, e incluso curaba enfermedades físicas, así como consolaba y aquietaba. Cuando una persona experimentaba eso podía saltar en la habitación aún dos metros o más, y nadie se explicaba como lo hacía. El calor de este fuego podía dejar una quemadura en la piel.

Una característica común en las personas espirituales es su obstinación. Nunca se puede disuadirlos de algo en que creen. Sus mensajes a menudo se contradicen entre sí pero aún siguen convencidos de que lo que se les mostró a ellos tiene que ser lo correcto. Aunque el Padre es espiritual él no es así en absoluto. Cuando el Padre empieza a enseñar él sigue y sigue, pero no convence con el uso de la elocuencia. En privado a menudo es silencioso, no habla durante días, y aún así la gente puede entender lo que él quiere que reciban. Pero cuando el Padre comienza a hablar la atmósfera se enciende de fenómenos espirituales.

Ahora quizá les puede resultar difícil entender esa experiencia, la única forma en que pueden saber de eso es a través de alguien que estuvo allí. Un común denominador de las experiencias espirituales es que nunca son tranquilas, a menudo parece como si uno estuviera parado en un populoso mercado. ¿Pueden estar quietos cuando están felices? Cuando estamos felices nuestro cuerpo no quiere estar quieto. Si alguien gana US$ 1.000 en un show de televisión es difícil que pueda evitar ponerse a saltar. Una manera de expresar alegría es actuar tan espontáneamente como un niño, porque no consideramos quienes somos cuando estamos realmente felices.

Imagínese lo que sucedía cada vez que el Padre daba un sermón en aquellos días. La gente quedaba atrapada en un fuego espiritual y recibiendo un mensaje espiritual. Podían consumirse llorando de arrepentimiento, y luego su pena se transformaba en alegría y alivio y empezaban a bailar. La gente de Corea tiene dolores de estomago o de espalda con frecuencia, pero al ser tocados por ese fuego espiritual sanaban. Las personas que no eran sensitivas espiritualmente podían ver todas estas cosas pero nunca entendían que era lo que pasaba.

El servicio empezaba con una oración del Padre, una oración intensísima que rara vez se hace hoy, y luego él guiaba las canciones. Luego rezaba otra vez, una oración apremiante, larga y muy intensa. Después de liderar otra canción el Padre rezaba una tercera vez. Y luego de guiarnos en otra canción él empezó su sermón. El Padre siempre hablaba durante muchas horas, pero nadie quería irse. Él era feliz al ver que la gente deseaba quedarse, le molestaba que alguien se fuera, no importaba lo que tuviera que hacer.

A menudo quedaba algo de comida cuando el Padre terminaba de comer. Una vez el padre dio algo de su comida a un hombre que había estado viniendo seguido a la Iglesia. Él era muy poderoso pero tenía un problema en el estómago y le costaba mucho comer; pero cuando el Padre le ofreció comida se vio obligado a aceptarla. Estaba preparado para sentir un trastorno estomacal pero tan pronto como comió se sintió muy bien. Más tarde él le contó esa experiencia al Padre, y el Padre rió y le dio más comida. Luego se corrió el rumor de que la comida de nuestra Iglesia obraba milagros. Entre todas las dificultades y la persecución que iba en aumento nuestros miembros disfrutaban por eso de algo de consuelo.

Todos coincidían en que aunque tenían comida de mejor calidad en sus casas la comida de la Iglesia era mejor. La gente pobre venía y naturalmente e gustaba la comida, pero también a la gente rica la gustaba. Por supuesto podría seguir hablando y hablando de esto, pero prefiero contarles acerca de algunos hechos específicos.

EMPIEZA LA PERSECUCION


Aunque a aquello coreanos cristianos se les había enseñado durante muchos años acerca de Jesús ellos estaban lejos de sentirse satisfechos y sentían que aún les faltaba mucho entendimiento. En respuesta a sus oraciones sinceras ellos recibían enseñanzas del mundo espiritual y se sentían llenos de alegría, especialmente cuando encontraban clarificación de la Biblia. Cuando el Padre les explicaba sus revelaciones ellos sentían que entendían claramente y su primer impulso era ir a sus ministros, con la confianza de que podrían hacer que ellos entendieran.

Para entender y ser capaz de explicar son dos cosas diferentes y podemos tener dificultades cuando tratamos de convencer a otros que no comparten nuestras creencias básicas. Cuando esas personas se acercaban a sus ministros ellos no sólo no comprendían o estaban en desacuerdo sino que les decían que estaban equivocados. Los ministros saben más pasajes bíblicos que el promedio de las personas laicas y muchas veces la lógica de los ministros cambiaba las ideas de la gente. Aunque las revelaciones del Cielo en claras, no era raro que esas personas fueran  disuadidas o que su fe se debilitara. Si ellos hubieran tenido un libro del Principio Divino como nosotros tenemos hoy podrán haber releían la verdad para comprender de nuevo, pero en ese momento sólo podían confiar en su memoria, que no siempre era buena.

Sin embargo la mayoría de las personas no eran así de indecisas y se mantuvieron al lado del Padre. Habían visto pruebas inconfundibles, así que cuando sus ministros no cambiaban ellos dejaban sus viejas iglesias. Cuando tales pilares de la Iglesia se alejaban para seguir a este joven coreano los ministros comenzaron alarmarse, pensando que sus iglesias se arruinarían financieramente si esto continuaba. Ese fue el comienzo de la persecución de nuestra Iglesia, que para ese momento ya se había convertido en un grupo sustancial.

Muchos ministros se ofrecieron para acompañar a sus miembros y hablar con ese joven y discutir la Biblia, pensando que probarían a los miembros quien estaba en lo cierto y quien equivocado. Esos ministros venían a discutir con el Padre acerca de la Biblia. Cuando testificamos durante un tiempo suficientemente largo nos hacemos tan sensitivos espiritualmente que conocemos las intenciones de una persona en cuanto se nos acerca. El Padre era aún más sensitivo, y sabía mucho  antes el tipo de preguntas que los ministros tenían en su mente. Él los recibía cálidamente y luego él mismo hacía surgir las preguntas y las contestaba. Los ministros descubrían que no tenían un buen fundamento. Pero cuando volvían a la iglesia el ministro hablaba mal acerca del Padre. Sin embargo el miembro entendía que eso no tenía sentido.

Ese tipo de cosas ocurría a diario y finalmente los ministros no podían encontrar nada más para criticar. Sin embargo usaban su status e influencia para calumniar al Padre ante los funcionarios del gobierno, diciendo que el Padre estaba afectando a las iglesias porque las figuras claves de las congregaciones empezaron a seguirlo, pero, basado en la crítica de los ministros, el gobierno empezó a acusar al Padre de destruir el orden social.

La historia  nos dice que esta primera persecución de nuestra Iglesia fue muy simple, no emergió de altos ideales o de la conciencia, sino sólo porque las reservas financieras de las iglesias se veían amenazadas cuando los miembros poderosos seguían al Padre. Como los ministros tenían influencia en la comunidad hacían lo que querían, y se quejaron al gobierno.

Los primeros miembros de la Iglesia tenían un serio deseo de saber la verdad, y cuando descubrieron al Padre eran como niños, deseaban estar horas y horas con el Padre en lugar de regresar a sus casas. Para ellos el Padre era más importante que ninguna otra cosa, fueron jóvenes o viejos. Podrán entender cómo se podía mal interpretar esa pasión. Ustedes saben como ocurre el renacimiento cristiano. Jesús decía que si amamos a  alguien más que a él no somos dignos de él. El mismo principio se manifestaba claramente en los comienzos de la Iglesia.

Aún antes de que el Padre enseñara el Principio Divino, el mundo espiritual ya había enseñado a la gente acerca de la caída de los primeros antepasados humanos. Por lo tanto las personas sabían que tenían que encontrar a los Padres Verdaderos porque su único linaje físico no podía ser aprobado por Dios. Tan pronto como una persona escucha la verdad, ya sea por el Principio Divino o mediante revelaciones espirituales, empiezan a pasar cosas extrañas en la casa. Cuando esposo y esposa se acercan a Dios sienten que su atracción mutua se desvanece, y que su relación con sus padres cambia. Si un esposo está buscando y encuentra la verdad antes que su esposa, él comienza a restarle menos atención a ella que antes. Entonces ella comienza a preocuparse pensando que él esta interesado en otra mujer. Era como que los esposos pensaran algo así cuando las mujeres venían a nuestra Iglesia. Esto sucedía inclusive con parejas mayores, personas de 50 o 60 años.

Si una pareja iba a la Iglesia, era más fácil que se entendieran mutuamente, pero era raro que eso sucediera. En general uno o el otro era más fuerte en su fe. Esta era una situación difícil de explicar y difícil de aceptar para la mayoría de matrimonios. La esposa comenzaba a servir más al esposo y a mostrarle más respeto pero se negaba obstinadamente a tener relaciones sexuales, entonces era claro que algo había cambiado. Hasta ese tiempo, cuando una esposa iba a la iglesia y volvía tarde a casa su esposo generalmente la entendía, aunque no fuera muy devoto. Pero después de que ella visitará la Iglesia de Unificación él sentía que algo era definitivamente diferente, y no podía comprender.

Es muy importante que entiendan cómo y porque empezó la persecución contra el Padre, porque las mismas acusaciones están detrás de la persecución en América. Mi tía, la persona que me trajo al movimiento, tenía una vida de casada muy feliz. Encontrar al Mesías había sido el deseo de toda su vida. Y ella encontró al Padre; entonces se dio cuenta de que había encontrado al Elegido y se dedicó totalmente a él.

Para evitar mal interpretaciones en su casa, aunque se había entregado totalmente al Padre y a la Iglesia ella se hizo mejor esposa sirviendo y amando más a su esposo. Sin embargo, evitó toda relación sexual, por indicación del Padre, sino por indicación de Dios de vivir virgen hasta ser bendecida. Su esposo no podía comprender. Trató de disuadirla, pero después de un par de años no pudo tolerarlo más y empezó a dudar del Padre y malinterpretarlo, pensando que su esposa se había enamorado del líder de la Iglesia. Al mismo tiempo, su mujer no podía vivir son obedecer la indicación de nuestro Padre Celestial.

Su esposo comenzó a contar públicamente historias malas acerca del Padre, insinuando que se estaban haciendo actividades impuras, adulterio. Luego descubrió que otras mujeres mayores también obedecían las mismas instrucciones de Dios. Los esposos se unieron y llamaron hereje al Padre, diciendo que él perturbaba sus vidas de familia. Por extraño que parezca la edad parecía no importar. En Corea la edad de 60 años es como 80 años aquí, pero aún las parejas de esa edad se sentían celosas como jóvenes. Enseguida asumieron que la Iglesia era inmoral. Así empezaron los rumores de que la I.U. era inmoral.

Yo menciono mi tía como ejemplo porque eso fue muy real para mí, pero ese fenómeno era común en ese tiempo. Las acusaciones de los esposos eran buen material para las iglesias cristianas, para perseguir al Padre. Ellas empezaron a acusar al Padre de arruinar la vida familiar privando a los hombres del amor de sus esposas y de hacer cosas ilícitas en la iglesia. El Padre era completamente inocente. Ustedes saben lo que él enseña y cómo enfatiza la pureza, y así fue desde el comienzo. Aún más: el Padre nunca pidió a esas esposas que abandonaran su vida familiar. Dios intervino directamente a través de revelaciones, y así nacieron los malentendidos.

Durante esos primeros años mi tío venía a menudo a herir al Padre, generalmente cuando había estado tomando mucho. Los miembros lo veían venir corriendo por la calle y alertaban al Padre de que tomara sus precauciones. Él probó de todo para evitar que su esposa viniera a la Iglesia. Recién después de 25 años mi tío confesó que durante ese tiempo observó cuidadosamente a su esposa y se dio cuenta de que la Iglesia de Unificación era la más cristiana de las iglesias cristianas. Más tarde él alentó a sus propios hijos a unirse.

Cuando él comprendió que para renacer tenemos que purificarnos y ser bendecidos se arrepintió ante Dios día y noche. Finalmente vino al Padre y dijo: “Por favor, perdóname, porque he cometido un error terrible ante ti y ante Dios. Si puedes aceptarme como miembros de la Iglesia de Unificación seré un miembro de lo más leas de ahora en más”. Se unió y desde entonces conoció el verdadero valor de su esposa. La amó más que nadie porque él sabía realmente lo grande que era.

Hace poco declaró  que esperaba que se pudiera olvidar todo lo que había hecho y que su deseo era ser enterrado en el cementerio de la Iglesia de Unificación al morir. Él es profesor en una Universidad y les dice a sus estudiantes que si están buscando una Iglesia verdadera deben ir a la Iglesia de Unificación. Sus colegas saben algo acerca de la reputación de su esposa en esos días, pero él les dice que no conoce ninguna persona más pura y sobresaliente que su esposa. Todos sus hijos se han unido y recibieron la bendición hace varios años. Él era uno de los enemigos más fuertes de nuestro Padre, pero se arrepintió y en el último banquete del “Día de Esperanza” vino y se inclinó profundamente ante el Padre diciendo cuanto le había revelado el mundo espiritual.

A menudo, cuando la Iglesia necesitaba dinero en esos tiempos, la gente recibía revelaciones de que tenía que llevar dinero al Padre. A un hombre se le dijo que llevara todo lo que tenía al Padre, pero él tuvo miedo de quedarse sin nada y guardó algo para sí. El mundo espiritual le había hablado antes al Padre por lo tanto él sabía por anticipado que esa persona traería la parte más pequeña y guardaría el resto para sí. El Padre no dijo nada, pero una persona que estaba cerca preguntó por que esa persona había traído la parte más pequeña. Entonces el hombre se arrepintió y se disculpó y trajo todo su dinero para dárselo al Padre.

En aquel tiempo la vida diaria del Padre estaba llena de lágrimas, de la mañana a la noche. En los primeros tiempos la oración ocupaba muchas horas del Padre, él rezaba 3 veces por día por cada miembro.

Otro de los rumores comunes era que la Iglesia de Unificación usaba la magia. Si un esposo o esposa venía a la Iglesia cambiaba gradualmente, por supuesto, pero para el otro cónyuge el cambio era dramático, de la noche a la mañana. Después de 15 o 20 años de matrimonio esa persona quizás cambiaba drásticamente, en el curso de un mes. Generalmente un ministro comenzaba a hacer correr el rumor de que la Iglesia de Unificación usaba magia con sus miembros, y finalmente no sólo hablaban de eso sino que terminaban pidiendo una investigación al gobierno.

Pueden imaginar cómo se organizó la persecución alrededor del Padre y cómo sus enemigos empezaron a retorcer la verdad celestial para atacar al Padre y sacar ventaja para ellos. En Corea se publicaron toda clase de cosas malas acerca del Padre, acusaciones completamente falsas. Ahora ustedes saben cómo pasan esas cosas. Debemos sentir como sufrió el Padre a través de esas acusaciones falsas. Finalmente, después de muchos años, esas personas vinieron al Padre y se arrepintieron y el Padre las aceptó. El Padre nunca rechaza a aquellos que lo odiaron sino que los acepta, los perdona y los bendice. Pero pueden imaginar la carga que el Padre soporta por esas acusaciones. Esas palabras se extendieron desde Corea a todo el mundo y aún están dañando al Padre. ¡Quiero que comprendan la inmensa que es la carga del Padre!

JUICIO Y ENCARCELAMIENTO


El Ministerio del Padre en Corea del Norte terminó el 22 de Febrero de 1948, cuando el gobierno comunista decidió sacarlo de la ciudad. Eso pasó después de que el Padre había estado 1 año y 10 meses en Pyongyang.

Las autoridades creyeron los rumores que decían que el Padre hacia magia, entonces los guardias pensaron que tenían que tomar precauciones para asegurarse de que él no desapareciera cuando se le daba tiempo para ir al baño. Durante 7 días no lo dejaron comer ni dormir, y se turnaban para vigilarlo. El Padre dormía con los ojos abiertos en ese tiempo y ellos no encontraban la forma de saber cuando estaba dormido y cuando despierto. Esta historia ilustra el éxito de la propaganda que se había hecho en contra del Padre. Los guardias de la prisión lo tomaron literalmente, porque de otro modo nadie podía entender cómo el Padre había podido reunir tanta gente en tan poco tiempo.

La oposición cristiana era de un nivel muy bajo en ese tiempo. Aunque el cristianismo y el comunismo no tienen absolutamente nada en común, los ministros cristianos iban al gobierno comunista a protestar acerca del Padre. Los cristianos se aliaron con el comunismo para perseguir a otro cristiano, aunque era claro que la calidad de ese cristiano era tan alta, o más alta, que la de ellos. Lo mismo pasó más tarde en Corea del Sur. Los policías comunistas eran ateos y era fácil persuadirlos de que acusaran al Padre. A una persona sin religión se la puede convencer muy fácilmente para que se oponga a una persona religiosa. Esto se ha repetido una y otra vez, los cristianos seculares se unen a los comunistas para perseguir la verdadera actividad religiosa. Esto no ha cambiado desde hace 2.000 años, cuando los judíos persuadieron al Imperio Romano de que crucificara a Jesús.

Para los comunistas, el hecho de que el Padre fuera un líder religioso era lo suficientemente malo en sí mismo, pero a estos rumores se les agregó más razón para poner al Padre en prisión. Los comunistas quisieron usar el juicio del Padre como una lección para entrenar a los jóvenes comunistas y alertarlos contra la Ideología del Padre. Su intención era mostrar que el Padre era un loco que creía en Dios. Sumados a los muchos comunistas de la corte, muchos cristianos, entre los cuales el Padre era muy conocido, asistieron al juicio. La sala estaba repleta.

El Padre apareció en la corte como cualquier otro convicto o criminal, encadenado por la policía comunista y con el pelo cortado como el de un monje. Tan pronto como el Padre entró en la corte le sacaron las esposas, y el Padre levantó sus manos porque por primera vez estaban libres. Luego se sentó. Sin tener en cuenta si la gente los observaba o no nuestros miembros oraban en voz alta.

El pensamiento comunista dice que así como la mente del hombre puede crear electricidad invisible, el concepto de Dios es una creación de la mente del hombre. El juez empezó el proceso preguntándole  al Padre acerca de su historia personal, y cuando descubrió que el Padre había estudiado ingeniería electricista le preguntó como se hacía la electricidad. El Padre sabía que la verdadera intención del juez al hacer esa pregunta era llegar a una critica de la religión, por lo tanto, contestó con grandes detalles. Como era claro que él sabia mucho más que el juez acerca de la electricidad éste tuvo miedo de hacer más preguntas y paró al Padre donde más le convenía.

Los comunistas también trataron de probar que el Padre engañaba a la gente para privarla de su alegría y sus valores. Para ellos era muy fácil acusar a un líder religioso porque una Iglesia siempre funciona por las contribuciones de sus miembros. Hoy, en América, las iglesias operan según el mismo principio. Los comunistas decían que el Padre enseñaba mentiras a la gente y exageraba la verdad, que todo era un invento. Hoy aquí se acusa al Padre de lavar el cerebro, y esos comunistas en Corea del Norte estaban tratando de decir lo mismo.

Las palabras pueden manejarse con facilidad, y lo que en realidad era una donación dada voluntariamente por algún miembro se señalaba como explotación de la gente ignorante por el Padre. Cuando el juez leyó la sentencia había también una sección que acusaba al padre de inventar cosas que no eran verdad. Cuando terminó de leer el juez preguntó si el Padre quería hacer algún comentario. Todos sabían que lo más inteligente que se podía hacer en esas circunstancias era aceptar los cargos, por más ultrajantes que fueran, pensando que más tarde los comunistas tratarían mejor al prisionero. El Padre entendía ese razonamiento pero no lo siguió. Protestó por el punto que lo acusaba de haber fabricado cosas que no eran ciertas, y demandó que se retiraran los cargos. El Padre nunca pidió simpatía sino que protestó diciendo que siempre había dicho la verdad. Después de un juicio muy sucio y vil, el Padre fue sentenciado a 5 años de trabajo forzado por el crimen de haber alterado el orden social.

La dignidad del Padre al pararse en esas condiciones adversas para hablar contra el veredicto impactó a los líderes comunistas presentes. La intención de ellos era mostrar la apariencia débil y sin fundamento de alguien que cree en Dios, pero en lugar de eso vieron un hombre de convicción y valor. El juicio había estado planeado, originalmente, para el 3 de abril, pero luego lo habían postergado hasta el 7 de abril para que todos los comunistas de alto rango pudieran asistir y ser testigos de la debilidad de ese hombre de Dios. Ellos se arrepintieron mucho de al haber traído a los jóvenes comunistas a ver a un hombre de Dios supuestamente débil, porque la convicción del Padre acerca de la verdad hizo un gran impacto en el sentido exactamente opuesto al que ellos querían.

Yo estaba sobrecogido al ver como el Padre se conducía en la Corte. Aunque él era un hombre sin pecado, el Padre siempre lloraba por nosotros pecadores en sus oraciones y pedía para que fuésemos perdonados, pero cuando apareció ante la corte él era un príncipe del Cielo. Actuaba con naturalidad y se paraba erguido, que es algo que la gente común nunca hace. Yo estaba impresionado y conmovido hasta las lágrimas por la valentía del Padre ante la Corte.

Los miembros sólo habíamos experimentado el corazón, la dulzura, la calidez y el amor del Padre. La imagen que teníamos era la de un Padre abrazando a sus hijos. Pero en la corte descubrieron otros aspectos del Padre, un aspecto valiente, determinado, audaz y sin miedos. Ni siquiera en el momento de la sentencia se vio al Padre miserable o trágico o triste. Sus ojos y su cara brillaban con esperanza. Después de la sentencia vino la policía y le volvió a poner las esposas, pero aún así el Padre levantó sus manos a los miembros que estaban en el fondo de la sala, alentándolos a tener esperanza en vez de desanimarse, alentándolos a mantenerse firmes en sus principios. Después de hacer esa seña a los miembros el Padre dejó la sala.

Cuando el Padre iba a ser llevado a la prisión los miembros fuimos a verlo. Le habían afeitado la cabeza y tenía una mano esposada. Con la otra mano saludó, sonrió y dijo a los miembros que volvería, que no nos desalentáramos. Luego se fue.

Todos los miembros tenían lágrimas en los ojos, pero, como, dijo el Padre más tarde, en su camino a la prisión él estaba lleno con la esperanza de que iba hacia una situación en la que el cielo realmente haría muchas cosas. Él sabía que alguien en esa prisión estaba esperando para reunirse con él, y estaba ansioso de encontrarse con esa persona a quien podría amar mucho. Por lo tanto estaba lleno de esperanza, y no de una manera fingida sino con la esperanza real de que el Cielo había preparado a alguien.

Los cuarteles para los prisioneros aún en juicio estaban separados de aquellos para los prisioneros ya sentenciados. Cuando aún estaba en esos cuarteles el Padre encontró a un hombre que había dado testimonio en su contra cuando lo estaban investigando. Esa persona no quiso saludar al Padre pero el Padre habló primero, preguntando: “¿No me recuerdas?”. Este hombre no podía pasar simplemente sin hablar, entonces dijo: ¡Sí, por supuesto!. Luego se disculpó y dijo que lamentaba lo que había hecho, pero que había sufrido una presión tremenda de los comunistas para dar información que los ayudara. Dijo que en su interior él nunca había deseado hacer algo malo al Padre. Más tarde ese hombre le trajo comida al Padre cuando estaba en la prisión.

Una vez el juez que sentenció al Padre visitó la prisión donde el Padre estaba cumpliendo su condena. ¿Cómo podría el Padre encontrar un enemigo más grande que este hombre? El juez sabía que el Padre estaba allí cumpliendo su condena y no quería verlo, pero el Padre caminó hacia él y lo saludo. Cuando el Juez vio que el Padre lo perdonaba se disculpó diciendo: “No hay razón para que usted este aquí. Sé que usted es completamente inocente pero tuve que darle la sentencia porque mi superior me lo ordenó. No tenía otra posibilidad”. Y antes de abandonar la prisión este juez le trajo mucha comida al Padre.

Esto da una idea de lo que ocurría en ese así llamado sistema legal. En realidad nadie creía que el Padre fuera un criminal, pero Satán creó un sistema que pudiera imponerle una sentencia injusta. Aunque él era inocente le dieron una sentencia totalmente alejada  de la realidad. En la prisión se llama a los prisioneros por un número, no por el nombre. El número del Padre era 596, que en coreano fonético significa “angustiado”. Aún el número que le dieron revelaba que el Padre representaba la pena de Dios, el dolor del corazón de Dios. De esa manera el Cielo quería protestar porque el Padre había sido puesto en prisión.

Cuando el Padre recién llegó a la prisión, uno de sus compañeros de celda era un hombre que iba a ser ejecutado. Había sido oficial del ejército de Corea, y después de la división de Corea estaba sirviendo como oficial de Corea del Norte, pero el mismo tiempo mandaba información secreta de inteligencia al Sur. Por eso iba a ser ejecutado. En general a estas personas se las mantiene aisladas, pero este hombre era una excepción. Una noche, mientras dormía, escucho que alguien decía su nombre. No prestó atención, entonces volvió a escuchar lo mismo. Lo ignoró una segunda vez, pero la tercera vez le prestó atención y respondió. Vio a un hombre viejo como una abuelo parado frente a él en ropas tradicionales coreanas. Este anciano le dijo que no moriría y que pronto conocería a un joven de una importancia suprema a quien tenia que tratar muy bien. Cuando el sueño terminó este prisionero supo que ese anciano era Dios.

Poco después de este incidente llamaron al hombre, y él pensó que lo llamaban para ejecutarlo. Sin embargo, lo que pasaba era que su general, que había estado en Rusia, había vuelto hacía poco a Corea. Al descubrir que su apreciado oficial había sido encarcelado este general tomó completa responsabilidad y le consiguió el perdón. Entonces lo volvieron a juzgar y le cambiaron la condena a tres años de prisión. Nosotros pensaríamos que después de este incidente él habrá tomado muy en serio las palabras que Dios le había dicho en su sueño, pero él estaba tan feliz con su perdón que olvidó completamente el consejo acerca del joven con quien se iba a encontrar.

Unos días más tarde, mientras dormitaba, Dios se le apareció nuevamente como un anciano, reprendiéndolo duramente e insistiendo en que se preparara para recibir al joven que vendría. Luego el anciano desapareció rápidamente y en su lugar apareció el padre físico de este hombre. Su padre le dijo que lo siguiera y lo condujo por un largo corredor en un lugar como un palacio. Lo guió haciéndolo subir muchos escalones en cuya cima había un gran trono. Allí lo dirigió su padre a presentar sus respetos. En Corea es una costumbre común inclinarse ante los maestros y padres como una muestra de respeto. Este hombre se inclinó tres veces y luego levantó la vista para ver a la persona del trono. La luz que venía del trono era tan brillante que apenas pudo ver la cara del hombre sentado allí. Luego su padre lo condujo escaleras abajo y mientras estaban bajando los últimos escalones habló. El nombre de esta persona era Sr. Kim, un nombre muy común en Corea.

El Padre fue conducido a la misma celda donde estaba el Sr. Kim. Como ustedes sabrán se supone que el recién llegado a una celda debe sentarse al lado del balde que sirve de toilet comunal. Como los prisioneros van y vienen el prisionero que ha estado más tiempo puede sentarse más lejos del balde. Sabiendo esta costumbre por otras experiencias en la policía de Japón durante los primeros tiempos de actividad, el Padre fue directamente al asiento más próximo al balde. Tan pronto como entró el Padre el Sr. Kim quiso que de alguna manera se sentara a su lado, sintiendo verdadera urgencia por hablar con él. Como el Sr. Kim gozaba de la mayor antigüedad en esa celda él ejerció su autoridad e hizo que el Padre se sentara a su lado.

Más tarde el Padre nos contó que él nunca hablaba con nadie en la prisión. Aún cuando era torturado él sabia que era mejor no hablar porque los guardias de la prisión no ganaban nada con la muerte del prisionero. Además, como las autoridades de la prisión sabían que a menudo los prisioneros hablaban con mayor libertad entre sí, ponían espías en los grupos, personas a quienes los demás prisioneros aceptaban como uno de ellos. El Padre sabía acerca de esto, por eso no quería hablar con este Sr. Kim pero aún así el Sr. Kim insistió.

Finalmente el Padre habló con él; le contó al Sr. Kim la historia de su vida, pero atribuyéndole a otra persona a quien se refirió como Lawrence. Mientras escuchaba hablar al Padre el Sr. Kim recordó el aviso de Dios de que encontraría a un hombre joven muy importante. Por ese aviso el Sr. Kim se convirtió en el primer discípulo del Padre en prisión. Estuvieron juntos en la misma celda alrededor de un mes y luego fueron llevados a Hung Nam.

VIDA EN HUNG NAM


Cuando el Padre fue a Hung Nam vio que era muy diferente de la prisión anterior. Por empezar, las raciones de comida eran mucho más pequeñas, en general de cebada en lugar de arroz, y de tan mala calidad que la mayoría de la gente moría de hambre en tres meses. Si una persona comiera una ración tan magra pero no trabajara podría sobrevivir, pero los prisioneros tenían que trabajar muy duro. Casi nadie salí vivo de esa prisión.

Los comunistas no enviaban allí a la gente con la esperanza de que viviera, sino para que trabajara hasta morir. Los prisioneros trabajaban muy duro en tareas pesadas, y luego se les servían comidas muy magras. Mucha gente cayó muerta mientras sus compañeros comían. ¿Cómo se sentirían ustedes en esas circunstancias? ¿Sentirían compasión por el muerto o pensarían: ¡Pobre Hombre!? La vida en la prisión de Hung Nam era tan severa que en lo primero que pensaban los compañeros era en lo que había quedado de la comida de la persona. Saltaban para tomar la comida sin preocuparse por el muerto, y aún le sacaban la comida de su boca. Esto muestra que inhumana y primitiva era la vida en el campo de concentración.

El propósito común de las cárceles aquí en América es rehabilitar al prisionero, capacitándole para regresar a la sociedad como un ciudadano productivo. Pero ese no era el propósito de la prisión en la que el Padre sufrió. En lugar de matar directamente a los prisioneros los comunistas querían exprimirles primero toda su energía haciéndoles trabajar. Todos en esa prisión habían sido enviados allí para tener una muerte lenta. Pronto el Padre descubrió que él podía predecir exactamente cuanto tiempo sobreviviría un prisionero en Hung Nam.

Había muchas maneras de comer en la prisión. Todos recibían la misma ración: comida para llenarse la boca 3 veces aproximadamente. Psicológicamente eso parecía muy poco, por eso muchas personas comían su ración grano por grano, lo cual les daba la ilusión de tener más porque duraba más. El Padre entró en la prisión planeando sobrevivir los 5 años de su condena, pero era casi imposible sobrevivir durante ese tiempo sólo con las pequeñas raciones y haciendo el trabajo pesado que se exigía a los prisioneros. El Padre tenía que encontrar alguna manera de resolver esa situación, entonces decidió cortar su magra ración por la mitad y dar la otra parte a otros, durante tres meses. Luego, cuando empezó a comer su ración completa, sentía que estaba recibiendo una ración doble y que con eso podría vivir esos 5 años. Esto lo sostuvo, y realmente agradeció a Dios por la mitad extra sintiendo que era un regalo del Cielo. Con esa actitud el Padre aceptó la situación y tuvo fe en que sobreviviría.

Si aplicamos este principio a nuestras circunstancias, sería lo mismo que pensar que en vez de traer un miembro en 50 días tenemos que traerlo en 25. Eso sería lo normal si fuéramos a seguir el modelo del Padre.

En la celda del Padre había gente encarcelada por toda clase de crímenes. Bajo el comunismo, no tiene importancia cuantos prisioneros mueren o se ejecutan, pero si el Padre muriera los comunistas quedarían libres para expandirse y dominar el mundo. Satán sabe que mientras el Padre esté vivo el comunismo no podrá expandirse al mundo entero, por lo tanto para él no tiene importancia la cantidad de gente que muera. Mientras el Padre siga vivo Satán siempre se verá amenazado.

El hecho de que el Padre estuviera en prisión mostraba que Satán había triunfado en mantener la situación del Padre bajo su control. Todos sabemos que el hombre caído tiene dos maestros. Dios no puede decir que el hombre caído le pertenece porque Satán siempre dirá que también tiene algún derecho sobre él. Eso significa que cuando nos hacemos accesibles a Satán él siempre nos toma, pero tan pronto como hacemos algo para establecer nuestra posición del lado de Dios, Satán no puede evitarlo. Si Satán nos toma es porque Dios lo permitió al ver que Satán tenía alguna condición. Pero si Dios no lo permite Satán no puede tocar ni siquiera un pelo de nuestras cabezas.

Entonces el problema es: ¿Cuándo Dios permite que Satán reclame a una persona? Eso pasa cuando Satán viene a Dios y señala a una persona que está pensando de cierta forma, o actuando de cierta forma en que claramente se está parando del lado de Satán. Entonces ni siquiera Dios puede evitar que Satán tome a esa persona. Sabemos por la Biblia que Satán tentó inclusive al Hijo de Dios en el desierto. Finalmente no tuvo nada que reclamar, pero lo probó completamente. Si hubiera encontrado el mínimo fundamento Satán habría podido atacar a Jesús, Dios habría tenido que permitirlo.

Satán trató de encontrar una falta en el Padre y lo probó severamente en la prisión, restringiéndolo a una dieta de muerte. Si el Padre hubiera rezado para obtener comida extra por algún medio, Satán habría usado eso. Pero el Padre no sólo no oro en esa forma sino que cortó su propia ración voluntariamente; luego, cuando empezó a comer su ración entera, lo hizo con el sentimiento de que eso era un regalo de Dios. El Padre encontró razones para estar agradecido a Dios aún en esa situación. No sólo estaba negando una condición a Satán, sino que a su vez encontraba una razón para agradecer a Dios.

Dios no puede tomar a nadie que no desee estar del lado de Dios. Lo mismo es verdad para Satán. Aunque el Padre estaba en la prisión de Satán, Satán no podía herirlo, a menos que encontrara una condición para hacerlo. El Padre nunca hizo tal condición.

Lo sorprendente era que Dios no sólo se comunicaba con el Padre sino también con los otros prisioneros. De pronto, un día, alguien a quien el Padre no conocía le traía comida diciendo: “¿Usted es el Sr. Moon? Quiero que tome esto porque anoche Dios se me apareció en un sueño y me dijo que le diera mi comida al prisionero 596”. A menudo pasaban cosas que el Padre jamás habría esperado, tales como recibir comida especial o un paquete especial.

Había un hombre nombrado por los comunistas como supervisor y líder de los prisioneros, llamado señor Pak. El Padre estaba en la lista negra de los guardias de la prisión y se prometía comida extra a los prisioneros que lo vigilaran y dieran información acerca de él. Por lo tanto el Padre siempre estuvo vigilado mientras estuvo en la prisión. Como conocía muy bien el sistema comunista el nunca reveló el Principio Divino a los otros prisioneros, pero un día se acerco el Sr. Pak durante el almuerzo y empezó a hablarle acerca de la verdad. Si el Sr. Pak se hubiera opuesto al Padre, entonces la vida del Padre en prisión se habría hecho mucho más miserable. El Padre le dijo al Sr. Pak que Juan el Bautista no había cumplid con su responsabilidad hacia Jesús. El Sr. Pak había sido un buen cristiano antes de la prisión y cuando escucho esto lo rechazó. En la conclusión de la conversación, lo único que el Padre dijo fue: “ Usted no debería pensar de esa manera”. Y luego se fue a cumplir su trabajo de la tarde. Esa noche el Sr. Pak no pudo dormir en su celda, aunque estaba exhausto. Un anciano de vestidos blancos se le apareció y lo reprendió diciendo: “¿Quien piensas que es el prisionero 596, no deberías contradecirlo porque no lo conoces”. Como el Sr. Pak no podía dormir y se sentía mal físicamente le dijo al anciano que no estaría más en desacuerdo con el Padre. En el momento en que decía eso se empezó  a sentir mucho más tranquilo y el dolor lo dejo.

Al día siguiente a la hora del almuerzo, el Padre fue nuevamente al Sr. Pak y siguió hablando. De acuerdo a lo que el Sr. Pak contó a nuestros miembros, lo primero que el Padre preguntó fue: “ Pasó algo inusual anoche?”. El Sr. Pak estaba perplejo al saber que el Padre sabía lo que había pasado, entonces se abrió y le contó lo que había ocurrido la noche anterior. Cuando terminó, el Padre le dijo que María la madre de Jesús no había cumplido su responsabilidad hacía Jesús. Al oír esto el Sr. Pak olvido su promesa al anciano y sintió que de ninguna manera podría creer en el Padre. Entonces el Padre  volvió a decirle: “ No debería pensar de esa manera”.

Esa noche al Sr. Pak le dolía todo el cuerpo, entonces se arrepintió al Mundo Espiritual que no volvería a estar en desacuerdo con el Padre. Después de esto su cuerpo, una vez más, se sintió íntegro y bien. Al día siguiente el Padre volvió a verlo. No se que Verdad le revelo el Padre ese día, pro debe haber sido algo extraordinario, Pak reaccionó aún con más fuerza que antes. Y esa noche el mismo anciano se le apareció diciendo: “¿Como es que todavía no entiendes?”. Y, finalmente, después de 3 días de oposición, el Sr. Pak se rindió pidiendo perdón al Padre y entregándose a él; y así se hizo el segundo discípulo del Padre en la prisión. Que ese hombre aceptara al padre era algo sumamente importante porque era líder de 2000 presos. Como él aceptó al Padre no se origino ningún problema, pero si lo hubiera rechazado habría creado un gran problema y dolor para él. Pero el mundo espiritual sabia que era una emergencia, entonces ejerció gran presión sobre ese hombre. Pueden imaginarse que el mundo espiritual vigilaba muy de cerca cada movimiento del Padre en el campo de concentración para proteger. Esa es la forma en que el mundo espiritual intervenía para vigilar a la gente del campo de concentración para aceptar al Padre como Mesías y seguirlo.

Doce personas, fueron guiadas al Padre mientras estaban en la prisión. Una de ellas luego dio testimonio de la vida del Padre allí, porque el Padre mismo rara vez habla de eso. Ni siquiera yo sabía muchas cosas acerca del sufrimiento del Padre hasta que algunos de los presos que se hicieron discípulos salieron de la prisión y dieron su testimonio. Esta es una de las historias.
Un prisionero dijo que, aunque estuvo 2 años y 8 meses en la misma celda que el Padre, nunca lo vio dormir. Aún los Domingos, cuando no había trabajo y todos dormían profundamente, el Padre siempre estaba levantado rezando. En un día de trabajo regular los presos se iban a dormir tan pronto como entraban en sus cuartos porque necesitaban descansar. Pero el Padre siempre era el último, porque se quedaba rezando. En 2 años y 8 meses nadie vio dormir al Padre.

El Sr. Pak sintió inmediatamente que su primera misión era encontrar un trabajo más fácil para el Padre. Trató de encontrar la tarea más fácil y dársela al Padre, pero el Padre no la aceptó. En lugar de eso él buscaba el trabajo más duro, y lo hacía voluntariamente.

Es fácil entender que Satán nos prueba a través de la persona más cercana a nosotros. El Padre nunca pensó que estaría bien aceptar el trabajo más fácil sólo porque uno de sus propios discípulos se lo ofrecía. El nunca tomó el trabajo más fácil, siempre el más difícil.

El trabajo más duro era cargar las bolsas de cal. Los japoneses habían acumulado esa cantidad de cal durante la ocupación, como fertilizante, pero no tuvieron el tiempo o los hombres suficientes para embolsarla ellos mismos. Más tarde los comunistas usaron a los prisioneros para dinamitar los cúmulos de cal endurecidos, embolsar la cal en sacos cargarlos en trenes. El trabajo era   difícil que cuando se empleaba a civiles para hacerlo se les daba un año de paga por 7 meses de trabajo. Pero uno de los términos comunistas favoritos es "trabajo-cuota”.

Mientras no se alcanzara la cuota los prisioneros debían seguir trabajando. La cuota en Hung Nam era de 1300 bolsas, cada una de 40 Kg. Cada equipo de 10 hombres debía cargar 1300 bolsas al tren.

Los inviernos en Corea del Norte son terriblemente fríos, pero el Padre sólo usaba un haraposo par de Pantalones porque trabajaba tan duro durante todo el día que su cuerpo transpiraba como en un día de verano. Si dividen 1.300 bolsas por 8 horas, pueden imaginarse lo repito que tenían que mover una bolsa. Además el fertilizante químico tenia un olor tan desagradable que la gente que pasaba por la fábrica escapaba para no oler demasiado el aire. Imagínense lo que es trabajar 8 horas cada día, y algunas veces más que eso, dentro de esa atmósfera de aire nocivo.

Cuando estaba en la prisión el Padre se enfermó de malaria por los mosquitos Y estuvo gravemente enfermo durante 12 días. Durante ese tiempo simplemente perseveró, pensando que así estaba pagando indemnización por aquellas generaciones de gente religiosa que había dado todo por el Cielo y aún así no había visto el día de la llegada del Señor para liberarla. Él sentía que estaba trabajando para completar lo que ellos no habían completado. Nunca perdió un día de trabajo y siempre llevó 1300 bolsas con su equipo.

El Padre pudo hacer algo así porque siempre vivió para la providencia y para los demás. El vio que durante toda la historia mucha gente había sufrido aquí en la tierra, entonces quiso sufrir más que nadie para liberarlos a todos. Esa fue siempre la determinación del Padre.

Además, aunque Dios ha levantado un campeón en cada periodo de la providencia, durante toda la historia esos campeones fracasaron, uno tras otro. Cada una de esas personas sufrió, pero el sufrimiento más largo es el de Dios mismo. El Padre fue siempre consciente de que él era el campeón para vengar el amor de Dios. Ese sentimiento era tan fuerte que nada podía desanimarlo.

Los prisioneros debían mirar al piso mientras caminaban, nunca hacia arriba, y siempre se los hacía mover en grupos de 8 hombres. El propósito de esto era impedir que se comunicaran unos con otros aún con sus miradas.

En su estado constante de agotamiento y malnutrición la saliva de los prisioneros se hacía espesa como una goma. Cuando los llevaban de un lugar a otro de la prisión tropezaban al andar y a menudo eran casi incapaces de caminar normalmente. En general vivían 20 presos en una celda. Cada celda tenía un pozo por baño, así que pueden imaginar el olor que había, y nadie querría ir cerca de allá. Todos querían dormir cerca de la puerta, donde el aire era más fresco, pero el Padre siempre dormía al lado del pozo. Ese era el peor lugar pero por alguna razón el Padre eligió ese lugar en particular. Si una persona dormía al lado de la puerta todos los que entraban y salían tenían que pasar por encima de ella y el Padre no quería eso. El sentía: "Mi cuerpo es el templo de Dios, un cuerpo precioso. El espíritu de, Dios mora en mi y no quiero que nadie me pise".

Una vez al mes se les hacía escribir una carta de arrepentimiento a los prisioneros, un juramento de lealtad que además contenía una confesión de malas acciones. Pero el Padre no tenía nada de que disculparse ante ningún hombre o gobierno. El era inflexible, y en 2 años y 8 meses jamás escribió una línea de arrepentimiento, sin importarle el sufrimiento que le acarrearía eso.

Cada año los comunistas daban un premio al trabajador ejemplar, y cada año el Padre ganó el premio por ser el que trabajaba más duro y hacía más que nadie. La historia puede registrar al Padre sólo como el mejor trabajador de Hung Nam, pero desde el punto de vista de la providencia podemos decir que, aunque Satán estuvo buscando la mínima falla del Padre, jamás encontró nada‚ Aún más que eso: hubo razón para alabarlo; Satán no sólo tuvo que decir que no había encontrado fallas sino que además tuvo que premiarlo.

Aunque el Padre nunca habló mucho a los otros prisioneros, muchos de ellos le traían comida que habían recibido de sus visitas.

A menudo los antepasados de los prisioneros les decían en sueños que tenían que darle esa comida al Padre. Y el Padre rara vez se enteraba de quienes venían esos regalos secretos de comida, ya que en general los prisioneros traían su regalo en forma anónima. A veces el Padre les escribía a los miembros de Pyongyang pidiéndoles que le enviaran cosas como arroz, harina o a los otros prisioneros. Más tarde, cuando los miembros iban a ver al Padre, él no estaba usando las ropas que le hablan mandado y ellos se preguntaban si sus regalos habrían llegado a él. Finalmente descubrieron, que todo había llegado al Padre, sólo que él lo habla regalado todo sin guardarse nada para si.

A los familiares se les permitía mandar comida para los presos. En esas ocasiones en que recibían comida la mayoría de los presos comían algo y usaban el resto como almohada para que nadie se los robara. Pero el Padre ponía toda la comida extra a un lado de la celda y cuando llegaba la hora de comer siempre la distribuía, entre la gente, nunca la guardaba para si mismo.
El Padre hacía esto con tanta regularidad que los otros prisioneros empezaron a contar con obtener una parte para ellos, sin apreciar que la comida en realidad pertenecía al Padre, quien se las estaba dando como un regalo. En general el Padre no se daba cuenta de cuanta comida extra había, pero otros se mantenían atentos a eso. Esos prisioneros sabían exactamente cuanto había porque asumían que una parte les pertenecía a ellos, y como siempre tenían hambre llevaban la cuenta exacta de cuanto quedaba en la bolsa del Padre.

A medida que la comida disminuía no era el Padre sino los demás los que se preocupaban. Si había menos de lo que tenía que haber ellos sabían quién había sacado. Mientras el Padre ni siquiera pensaba en eso, otro prisionero quizás se enojaba con la persona que había tomado algo, aunque en realidad la comida no era de ninguno de los dos. Quizás esa persona no decía nada, pero se resentía contra el ladrón. 0 quizás iba al Padre y le decía: "Yo sé quien tomó más de lo que le correspondía", y sé ofrecía para enfrentar a esa persona.

Más tarde una persona que había estado allá contó acerca de esos incidentes y dijo que el Padre nunca dijo nada al culpable. Quizás la noche siguiente al incidente el Padre los reunía a todos y le hablaba el acusado, diciéndole que tomara toda la comida que necesitaba. El Padre siempre la ofrecía con sinceridad, pero la persona nunca se atrevía a tomar más y simplemente se sometía. Entonces el Padre tomaba una taza, la llenaba y se la daba., diciéndole que comiera. Todos los demás se sentían agitados y resentidos: al comienzo estaban enojados con esa persona porque había tomado comida de más, y ahora velan que el Padre le daba aun más. Algunas veces, cuando estamos considerando un pequeño grupo, algunos de los miembros se acercan a quejarse acerca de otra persona; pero aún así esa persona es una parte valiosa de la familia, entonces, ¿qué hacemos, en esa situación? La gente generalmente sabe cuando hace algo mal. No necesita de alguien que se    señale. Entonces, si perdonamos a esa persona es como si le estuviéramos dando una piedra caliente, ese persona lo hará volverse y remendar que es difícil de agarrar. su camino, mucho más que señalarle sus errores y discutir.

La madre del Padre vivía a unos 240 Kms. de la prisión. En los países comunistas no habla transporte decente y un viaje como ese era muy difícil de hacer para una mujer mayor y con hijos a quienes cuidar en su casa. Y aún así ella preparaba ropas y comida para el Padre y las llevaba a Hung Nam. La relación madre-hijo de ellos era extraordinaria; ella realmente amaba mucho al Padre.

Algunos años antes, cuando el Padre estaba estudiando en Japón, un día ella recibió un telegrama diciendo que iría a Corea para pasar unas vacaciones, llegaría en un barco y luego tomaría el tren a su pueblo. Pero el barco en el que tenía que llegar el Padre fue hundido, probablemente por un submarino, y todos los que iban en él se ahogaron. La noticia estaba en los diarios pero aún así ella esperó que llegara el tren, por si acaso el Padre había podido venir. Pero él no apareció, ni escribió ni mandó un telegrama. Su madre estaba tan aturdida que viajó hasta Pusan, un lugar del que apenas había oído hablar, y buscó al Padre por todos lados. No tenía un lugar donde quedarse, por lo tanto, cuando no pudo encontrarlo tuvo que volver a su casa. El Padre recuerda que cuando volvió ella tenía sus ropas rasgadas y había perdido sus zapatos. Sobre todo estaba completamente aturdida, sin poder recordar siquiera donde habla estado o con quién había hablado. Aún así se agarraba a una pequeña esperanza de que el Padre estuviera vivo, el hijo a quien tanto amaba.

El Padre nos contó que aquel día en Japón él estaba a punto de embarcarse como lo había planeado pero sus pies no se movían. Entonces supo que algo andaba mal y no subió al barco sino que volvió más tarde.

Durante los días frenéticos en que el Padre estaba en prisión su madre preparaba cosas para él, y con un profundo corazón de amor las traía al Padre. A los ojos de su madre el Padre aún era un niño, aunque en realidad fuera un adulto. Su corazón sufría al ver a su hijo en ropas de prisión y con su pelo tan corto, y lloraba mucho. Pero entonces

el Padre la retaba diciéndole que sí estaba llorando porque su hijo estaba en circunstancias miserables no debería mostrar sus lágrimas. ¿Por qué‚ el Padre le hablaba de esa manera? Si ella hubiera llorado de orgullo por su hijo, que estaba trabajando por la causa del Cielo y de la tierra, sin importarle el sufrimiento, él habría aceptado esas lágrimas. Pero si ella lloraba angustiada por él, él sentía que no podía aceptar sus lágrimas, entonces la retaba.

El Padre trae la Verdad más alta, que nos da como una joya de valor incalculable. Pero el Padre nunca dio esta joya a su mujer, sus padres o a sus hermanos. La madre del Padre puede haber entendido algo del Principio, pero aún así su corazón no podía soportar ver a su hijo sufriendo y dando a personas completamente extrañas la comida esencial para mantener su vida que ella traía para él. Ella trataba de no sentirse mal, pero no podía evitar llorar al ver eso.

En su camino a casa la madre del Padre visitaba la Iglesia de Pyongyang y le decía a los miembros que nunca dejaría al Padre dejar su casa una vez que fuera liberado, sino que lo tendría siempre con ella y cuidaría de él. Ella lo amaba tan profundamente que su corazón sufría al verlo sufrir a él, aunque fuera por los demás. Ella solía decir que sí él se hubiera cuidado un poco a sí mismo ella no se habría sentido tan mal.

Ella volvía destruida de sus visitas a la prisión. Se resentía contra el Padre por no entender su corazón de madre y porque él llamaba a todos sus compañeros, mientras ella estaba allí, y les daba todo lo que ella había traído sin guardar nunca nada para el mismo. Ella solía decir que nunca volverla a verlo, pero su resolución duraba poco y pronto estaba preparando algo más para llevarle.

En Junio de 1950 empezó la guerra de Corea con la invasión de los soldados norcoreanos de una desprevenida Corea del Sur. Durante el curso de 2 años y 8 meses del Padre en prisión él reunió por lo menos 12 seguidores. En ese grupo había un hombre que era líder de la Federación Cristiana de Corea del Norte. Su dedicación era tal que había jurado al Cielo que tan pronto como fuera liberado él seguiría al Padre con su vida.

El Padre es liberado de prisión


A algunas millas de Hung Nam había una prisión dependiente. Los prisioneros creían que la vida en esa prisión era más fácil que en Hung Nam, y este hombre vino al Padre y le pidió su permiso para ir allí. Pero el Padre le dijo que no fuera. Sin embargo, él decidió por sí mismo que iría. Más tarde, el Sr. Kim del que ya he hablado vino al Padre con el mismo pedido. El Padre le dijo que lo hiciera si era su deseo, pero agregó que tan pronto como sintiera que algo raro estaba pasando debería escapar.

Hung Nam era parte de una sección altamente industrializada de Corea del Norte, y pronto se hizo un blanco de bombardeo de las tropas de las Naciones Unidas, tanto de aviones como de barcos. Cuando sonaba la alarma de bombardeo todos los oficiales de la prisión buscaban refugio dejando a los prisioneros expuestos para que se valieran por sí mismos. Un día sonó la alarma usual pero el Padre sintió un aviso en su interior y se movió a un lugar diferente, diciendo a la gente que se quedara junto a él. Momentos después de que todos se hubieran corrido una bomba de una tonelada cayó justo en el lugar donde ellos habían estado, sacudiéndolos con la fuerza de la explosión.

Corea del Norte no esperaba que el mundo entero respondiera a su ataque al Sur, pero pronto más y más bombarderos y tropas americanas entraron en la guerra, haciendo retroceder a las tropas de Corea del Norte. Las tropas de las Naciones Unidas desembarcaron cerca de Hung Nam antes de acercarse a Pyongyang, que estaba más al sur. La ruta lógica después del desembarco de McArthur en Inchon habría sido proceder hacia Seúl, Choron, Pyongyang, y finalmente Hung Nam. La prisión dependiente estaba en el camino de las tropas de avanzada, así que los comunistas, tomados por sorpresa, comenzaron a ejecutar sistemáticamente a los prisioneros antes de que pudieran ser liberados.

Después de terminar con las ejecuciones en la prisión dependiente comenzaron en la prisión principal. Primero ordenaban a los prisioneros preparar comida para 3 días, para evitar que sospecharan lo que. les esperaba, luego los alineaban y les daban palas. A medida que se decían los números de los prisioneros ellos se alineaban y salían. Los comunistas no querían que los prisioneros se dieran cuenta de que nunca necesitarían esa ración para 3 días, y que en lugar de eso se los haría marchar hacia las sierras detrás de la prisión, cavar su propia fosa y luego se los fusilaría. Después de que un grupo había sido ejecutado se hacia marchar a otro.

El Padre podía sentir que algo estaba andando gravemente mal, y se dio cuenta de que estaban ejecutando a los prisioneros. Finalmente empezaron a llevarse a los prisioneros de la misma celda del Padre.

El Padre sabia que estaba llegando su hora, pero nunca me ha dicho cómo se sentía en ese momento. Aquí estaba la providencia de Dios, con todo descansando sobre sus hombros, pero las balas seguían matando a la gente de celdas más y más cercanas a la celda del Padre. Si llamaban al Padre ya no había forma de escapar. El Padre sabía que se acercaba el momento crítico.

Pueden imaginarse que el Mundo Espiritual estaba en un estado de emergencia al ver al Padre a punto de ser ejecutado. Antes de que los guardias pudieran regresar a llamar al resto de los compañeros de celda del Padre las fuerzas de las Naciones Unidas desembarcaron en Hung Nam y los guardias comunistas huyeron. No quedó nadie custodiando la prisión por lo tanto también los prisioneros huyeron. Eso fue el 14 de Octubre de 1950.

La lección que el Padre nos dio para copiar fue que mientras hagamos nuestro trabajo meticulosamente Satán nunca podrá encontrar la falla más pequeña en nosotros. Entonces no necesitaremos preocuparnos de que Satán pueda herirnos, porque Dios no lo permitirá. Yo pensé profundamente acerca de todo esto y entendí más y más claro que el Padre no recorría el camino de la providencia ordenando la ayuda del Mundo Espiritual; el Mundo Espiritual no se movía por su dirección explícita. El Padre trabajaba de una manera tal que el Mundo Espiritual tenía que venir en su ayuda, de otro modo se habría sentido incómodo. El Padre hacia todo solo primero, más de lo que se le pedía, entonces el Mundo Espiritual no podía resistirse a ayudarlo. Y así ocurrían milagros.

También debemos recordar que los prisioneros que juraron ante el Cielo que seguirían al Padre hasta el final pronto perdieron su fe, y ninguno de ellos quedó junto al Padre. No debemos pensar que eso era un problema de ellos, sino que debemos vigilarnos a nosotros mismos por esa tendencia. Por supuesto el Padre sintió mucho dolor e indignación por la traición de ellos pero  de todos modos rezó durante muchos años más por todos, ellos.

Más tarde ocurrió que el prisionero que fue a la prisión dependiente contra el aviso del Padre fue ejecutado. Por otro lado, el Sr. Kim escapó cuando lo llevaban para ejecutarlo con un grupo de prisioneros y más tarde se reunió con el Padre en el sur. Esto también nos enseña una Lección. Cuando el Padre nos da una indicación y la obedecemos de buena fe, el resultado siempre es bueno. Si el Padre nos dice que no deberíamos hacer algo y aún así no lo escuchamos el resultado no es bueno. El Padre sabe las cosas mejor que nosotros.

Muchas veces el Padre habla de una manera muy tranquila y humilde. No ordena de un modo muy digno: “No debes hacer esto, debes hacer esto”. A veces durante las comidas, o mientras camina con alguien, dice de una manera muy casual lo que debemos hacer. “Siento que deberías hacerlo así. No me gusta que vayas en esa dirección. “Y no debemos tomar esas cosas a la ligera, porque cada palabra tiene importancia. La obediencia a cada indicación, por casual que parezca, es vital. Esa ha sido mi experiencia. El caso de este líder cristiano y del joven Sr. Kim es un buen ejemplo.

Este es el punto: la mayoría de las personas espirituales hacen saber sus revelaciones o apreciaciones de una manera formal y autoritaria, pero el Padre no es así. Puede parecer que él habla como al descuido, o algunas veces como sin pensar, pero sus palabras a la ligera porque él habla de un modo tan casual, pero no debemos hacer eso. Sólo nuestra razón profunda fe en él puede evitar que cometamos ese error. Esa es la razón por la que hablé tanto de esos dos seguidores del Padre en prisión.

Siento que el tiempo que el Padre pasó en prisión fue el tiempo en que más sufrió, para pagar indemnizaciones por los 6000 años de historia humana. El Padre pagó la deuda por todos los pecados de la historia. La sentencia era de 5 años, pero como el Padre cumplió al máximo hizo que los 5 años se acortarán a 2 años y 8 meses. El Padre siente que 6000 años de historia pueden apretarse y encapsularse en una pequeña píldora para tragar en el tiempo más corto posible.

La guerra de Corea empezó el 25 de junio de 1950, y 16 naciones se unieron para empujar al norte. Ahora nosotros conocemos la providencia y nos damos cuenta de que la guerra se hizo para liberar a este único hombre de Dios. Dios necesitaba un campeón y no podía hacerlo sufrir más de 5 años de más. Además, Satán ya se había rendido, así que el Padre Celestial no tenía que ver sufrir al Padre durante 2 años más. Por lo tanto, por primera vez en la historia 1ó naciones se unieron en una zona de combate, la aparentemente insignificante Península de Corea. ¿Por qué fueron allí a empujar al norte? Las fuerzas de las Naciones Unidas lograron una gran cosa: La Liberalización del Padre de la prisión de Hung Nam.

No fue Dios el que empujó a las fuerzas de las Naciones Unidas hacia el norte. El Padre mismo fue la motivación para que pasaran esas cosas. Dios no mandó simplemente la liberación al Padre; el Padre la invitó y se preparó para ser liberado. Dependía del Padre, no de Dios. Dios nunca quiso que la historia humana continuará arrastrándose durante 6000 años, pero el hombre siempre falló. Esta vez un hombre había cortado el tiempo y cumplido lo más rápido posible.  La fuerza central era el Padre  mismo. El Padre determinó el tiempo de la Guerra de Corea, ningún otro, porque él había saldado todas las deudas. Satán tuvo que rendirse por lo tanto no había más sufrimiento. Satán se entregó y la liberación llegó.

Aún es esos tiempos peligrosos e inciertos el Padre regresó a Pyongyang después de escapar y visitó las casas de todos los miembros que habían estado con él en el comienzo, antes de que se fuera a la prisión. Si no podía visitar a alguien personalmente mandaba a otro para llevar el mensaje de que había vuelto y para ver cómo le estaba yendo a esa persona.  El Padre recorrió las 150 millas (249 Kms.) de regreso a Pyongyang en 10 días, y luego durante 40 días, visitó las casa de todos sus seguidores. Estuvo hasta el último momento posible, hasta que tuvo que escapar justo antes de la invasión de las tropas chinas.

La casa del Padre estaba a sólo 3 días de caminata de Pyongyang, y en los 40 días, que estuvo allí el padre fácilmente podría haber visitado a su familia, pero nunca les envió ni siquiera un mensaje. Buscó y cuidó a todos sus miembros, pero no a su propia familia. Para todos nosotros era obvio que el Padre podría haber visitado a su familia, pero él nunca gastó ni siquiera una hora o un día para ellos.

El Padre trajo unas pocas cosas de la prisión, entre ellas una pequeña bolsa de harina de arroz. Caminó durante 10 días, guardando esa harina de arroz hasta que llegó a Pyongyang. Nunca comió bien durante esos días de viaje porque aún la comida dejada en los campos estaba vieja y podrida. Comió las mieses podridas, pero aún así guardó la harina con la esperanza de compartirla con sus miembros cuando se reuniera con ellos en Pyongyang. Cuando estuvieron todos juntos él la mezcló con agua, haciéndola casi como un budín, y dijo a los miembros que así era como hacían la comida en la prisión. Luego la compartió con ellos.

El Padre quería traer algún regalo a sus seguidores, aún después de la prueba increíble por la que había pasado en la prisión de Hung Nam. De todo lo que podría haber traído la comida era lo más precioso para él porque significaba vida. Pero aún así anduvo todo el camino desde la prisión sin comerla, hasta que pudo compartirla con los miembros. Nosotros, en general, damos cuando tenemos en abundancia.

Quería contar este incidente para que ustedes puedan ver por un momento la mente de nuestros Padres hacia sus hijos. Es realmente difícil para los hijos entender la profundidad del amor paternal, y en general solo tenemos una oportunidad pequeña de entenderlo. Cuando la tenemos deberíamos magnificarla, haciendo un esfuerzo desesperado por entender el corazón de nuestros Padres de manera que podamos recibir y valorar todas las bendiciones que ellos quieren darnos.

Muchas veces necesitamos dinero para el manejo diario de la Iglesia y hacemos un pedido. Pedimos dinero al Padre para gastos públicos y recibimos dinero bendecido cuando viene de él. Ese es un lado de la cuestión. El otro lado es entender el significado real de las dificultades que el Padre tuvo que atravesar para recaudar ese dinero. Sólo entonces podemos apreciarlo completamente y gastarlo bien. Si no comprendemos, y el Padre sabe que ninguno de nosotros está de acuerdo con ese estándar todavía, él hará algún comentario que parecerá pasajero acerca de la situación. Si él sabe que una persona no está lista para hacerse responsable por tanto dinero probablemente comente que sería mejor que esa persona no recibiera el dinero directamente del Padre. Su preocupación es que si no entendemos el significado y valor del dinero, este solo nos va a echar a perder. Ese es el verdadero amor del Padre.

La conclusión aquí es simple: debemos educarnos para apreciar y entender más profundamente lo que significa que el Padre dé dinero.

En situaciones mundanas ustedes deben haber visto amigos, que fueron leales y estuvieron profundamente ligados durante años y aún así en algún punto, uno de ellos traicionó al otro. Podemos imaginarnos lo doloroso que es esto, pero no es raro en este mundo. Toda la amistad termina abruptamente. Un esposo y su esposa pueden haber sido inseparables, pero aún así es posible que en algún punto no quieran volver a verse nunca más. Algunas veces el solo hecho de escuchar cosas malas de un amigo o esposos lleva a la decisión de separarse. La gente común puede olvidar los lazos personales con facilidad, í y con cuanta más facilidad olvidan un juramento de lealtad al cielo!

El Padre podría haberse tomado unos pocos días para visitar a su propia familia, y el hecho de tener cerca gente buena como ellos podría haberlo ayudado en su misión. Pero en cambio se pegó al principio de amar a sus seguidores más que a su familia.

Poco después de que el Padre dejará la prisión el ejercito chino entró en la guerra de Corea. Enviaron miles de tropas a Corea, como una ola humana, y las fuerzas de las Naciones Unidas fueron empujadas a la defensiva. Se dio la orden de evacuar Pyongyang y una gran marea de refugiados dejó el Norte, partiendo hacia el sur. Durante este tiempo el Padre todavía estaba buscando a uno de sus miembros, una anciana de 80 años. Podía no parecer importante verla, pero el Padre dilató su partida hasta el último momento para encontrarla. Quiero contarles algo acerca de la historia de esa mujer. Ella no sabía leer, ni siquiera para cuando tenía 40 años, pero tenía una fe y un corazón muy profundos, y deseaba leer la Biblia. Por su gran fe una noche Dios le dijo que le enseñaría a leer, y le mostró como hacerlo. El empezó con la palabra “Hananim”, que significa “Dios”. Esta anciana a menudo iba a orar a las montañas. Un día iba hacia allí cuando un gran árbol dijo: “Abuela, por favor, hazme madera y úsame en algún humilde lugar de tu casa. ¿Puedes usarme para construir una pequeña despensa?”.

Nosotros sabemos que todas las cosas creadas quieren servir al propósito de la totalidad, esta historia es un ejemplo vivo de cuanto la creación desea servir al hombre. Así mismo, cada hombre desea ser parte del hombre verdadero y servirlo aún del modo más humilde. Otro día esta mujer estaba yendo por el sendero de siempre cuando un viento la elevó hasta la cima de la montaña, como si estuviera volando.

Cuando ella era muy joven antes de que el cristianismo se hubiera expandido en Corea, ella creía profundamente en la religión indígena de Corea. Pero un día vino Dios y le dijo: “Has creído profundamente en tu fe actual, pero ahora debes cambiar. Ve a la Iglesia con campanario y cree en esa fe”. Y así es como ella llegó a creer en Jesús.

Cuando vio al Padre por primera vez ella tenía alrededor de 70 años. El Padre era como un hijo o aún un nieto para ella, pero ella sentía tanto amor por él que su deseo más grande era simplemente tocarle la ropa. Ella creía sin ninguna duda que él era el Mesías.

Tan pronto como el Padre volvió de la prisión quiso que alguien le dijera a ella que había vuelto. Estaba muy vieja y dura de oído, y tuve que gritar para decirle que el Padre había regresado. Ella respondió tan solo diciendo: “Ya”. Entonces volví al Padre y le dije que ella sabía que él había vuelto.  El Padre se paró y dijo que eso terminaba sus asuntos en Pyongyang y que debíamos partir hacia el Sur. Y en ese mismo momento nos preparamos para salir. Para ese entonces, casi toda la gente que quería ir al Sur ya había partido.

Viaje del Padre hacia el Sur


El Sr. Pak había regresado a Pyongyang antes que el Padre, y antes de irse le había prometido al Padre que siempre lo seguiría. Pasó que se había roto una pierna en una pelea con otra persona y se estaba recuperando en casa de su hermana. El Padre me mandó a mí a buscar y traer al Sr. Pak estaba completamente solo; el resto de la familia se había ido a buscar refugio dejándolo a él con una bicicleta. Él pensaba que para ese tiempo el Padre seguramente ya había regresado de Hung Nam, pero no sabía nada de él. Por lo tanto es entendible que tuviere cierto resentimiento al no haber oído del Padre, porque él había prometido seguirlo siempre; pero finalmente llegué yo y le dije que él vendría con nosotros. Estaba lleno de alegría y dijo que había llorado muchas noches pensando en lo indigno de confianza que es este mundo. Así que lo puse en la bicicleta y lo traje al Padre.

Las bicicletas, hace 33 años, eran de nada comparadas con las de ahora, no tenían más que un armazón simple y endeble. Como tenía su pierna rota el Sr. Pak no podía pedalear, así que el Padre lo empujaba de atrás  y todo lo que el Sr. Pak tenía que hacer era llevar el manubrio. Era Diciembre y había nieve en el suelo. Yo llevaba una pesada mochila  y los seguía. La marcha del Padre hacia el Sur comenzó el 4 de Diciembre.

En ese tiempo principalmente los hombres estaban escapando a refugiarse en el Sur, y dejaba atrás a las mujeres dándose cuenta de que ella tenían mayores posibilidades de sobrevivir que ellos si se quedaban. Esto era porque todos pensaban que las fuerzas de las Naciones Unidas ganarían la guerra con facilidad y su evacuación sería temporaria, así que esperaban regresar pronto. Ahora han pasado 28 años desde esa evacuación de la cual pensaron que regresarían como máximo en algunos meses. En ese momento todos estaban apurados porque podían oír la artillería que estaba cerca, y no pensaban más que en escapar con vida.

El trayecto que tenían que seguir apenas era un camino. El camino principal estaba ocupado por las tropas del ejercito y aún los vehículos militares marchaban muy lentamente. No había algo así como una ruta pavimentada a seguir así que la gente seguía los senderos  de las montañas y las huellas dejadas por los animales, que subían y bajaban una y otra vez. El viaje era lento y, detrás, los ejércitos de China y Corea del Norte avanzaban más y más. La jornada era incierta y temible. Siempre existía la posibilidad de ser capturados, o heridos por una bomba descarriada, así que todos estaban apurados.

Nuestro grupo llegó a un cerro y descansamos en el bajo, pero cuando vino el momento de subir el Sr. Pak le dijo al Padre que inhabilidad pondría en peligro la seguridad de los demás, y le pidió que lo dejara atrás. El Padre le habló con mucha firmeza, diciendo que él y el Sr. Pak no estaban juntos por su propia elección sino centrados en la providencia celestial. Le dijo que nunca pensará en ser dejado atrás porque ellos no podían separarse simplemente por su propia voluntad.  El Padre nunca se separaría del Sr. Pak a menos que Dios le indicará hacerlo. Así que el Sr. Pak no volvió hablar de eso.

Ustedes no pueden imaginarse ese viaje al Sur, en invierno, con lluvia, granizo y nieve, por montañas escarpadísimas y sin comida, empujando a un hombre con su pierna rota en una bicicleta deshecha. Era simplemente un viaje increíble. El Sr. Pak tenía que cruzar llanos, montañas y aún ríos y corrientes con esa bicicleta.

El camino a Corea del Sur incluye una extensión de mar de 2 millas y media de ancho (aprox. 3.800 mts.). En el área de Inchon la costa oeste de Corea tiene grandes mareas, con una de las mayores diferencias entre mares alta y marea baja en el mundo, quizás 7 mts. Cuando la marea baja queda un área de tierra que hay que cruzar rápido antes de que vuelva a subir. Ese día caminamos 20 millas, lo cual era un gran logro, y llegamos a ese cruce a las 2 o 3 de la mañana. El Sr. Pak era tan pesado como el Padre en ese tiempo, y aún así el Padre lo llevó sobre sus hombros. Yo cargaba la bicicleta sobre mis hombros, y empezamos a cruzar. La tierra estaba helada y húmeda, pero aún así el Padre llevó a ese hombre sobre su espalda durante todo el camino.

Estaba completamente oscuro en el vacío del invierno, ni una luz a nuestro alrededor. Afortunadamente, una antorcha se había encendido del otro lado, en la isla; era la única luz y nada más para mostrarnos donde caminar. Algunos lugares eran peligrosos porque aún quedaba agua, a veces profunda, a veces apenas un charco, pero no había manera de saberlo. La playa no era de arena sino de barro, por lo tanto solamente era resbalosa sino que una persona podía hundirse hasta las rodillas si se quedaba parada durante mucho tiempo. La pierna del Sr. Pak todavía se estaba curando, y si se la quebraba otra vez podían surgir serias complicaciones sin un doctor cerca. Y no podía doblar su pierna, tenía que llevarla estirada todo el camino, día tras día.

Al llegar a la isla la gente tenía que tomar una pequeña barca para cruzar el resto del trayecto. Sin embargo, nosotros no pudimos subir al barco, porque estaba reservado solo para el personal militar, así que tuvimos que recorrer todo el camino de regreso otra vez. Yo llevé la bicicleta y el Padre llevó al Sr. Pak otra vez, 2 millas y media. Había sido muy difícil empezar el primer cruce, pero ahora teníamos que volver a hacer todo el camino y parecía n o haber esperanza de cruzar. El Padre nos alentaba diciendo que una vez que llegáramos a un lugar determinado habría gente allí esperándonos con una gran cena. Eso me dio poder para continuar, entonces iniciamos el cruce de regreso.

Más tarde le pregunté al Padre cómo había podido llevar al Sr. Pak toda esa distancia y en semejantes circunstancias. Él contestó que sentía que si no podía llevar a esa sola persona no podría restaurar el cosmos. Esa es siempre la actitud fundamental del Padre, que cualquier cosa que haga no es solo para la persona que está inmediatamente involucrada, sino que esa persona representa muchas otras personas y finalmente el mundo entero. Cuando el Padre mira a uno de nosotros no ve simplemente a un individuo, él nos ama como representantes de otras muchas otras personas.

Para cuando volvimos estaba cayendo la tarde. El punto en que tocamos tierra firme otra vez era el puesto de control de una patrulla, y cuando ellos vieron al Padre con su pelo tan corto pensaron que quizás era un soldado norcoreano rezagado. Un hombre incluso paró al Padre y lo golpeó. Simplemente malentendieron la situación, sabiendo que los soldados de Corea del Sur tienen el pelo más largo que los norcoreanos. La fuerza de seguridad le preguntó al Padre que profesión tenía y el Padre explicó que era un ministro que acaba de escapar de la prisión en Corea del Norte e iba a refugiarse al Sur. El hombre pidió ver la Biblia del Padre como prueba, la abrió y le preguntó al Padre que decía el primer verso de Jn.16. El Padre respondió sin problemas y los guardias impresionados, nos dejaron ir.

Pronto vimos una casa con luz y golpeamos la puerta. Una pareja joven vivía allí y no solo nos hizo entrar sino que además nos honró con una comida muy rica y nos dio la mejor habitación. Recién al día siguiente cuando  estaba comiendo, yo recordé de pronto como el Padre había predicho que tendríamos una gran cena y cómo nos había dado ánimo el día anterior. Pensé que si yo no hubiera mostrado signos de debilidad el Padre no habría tenido que alentarnos prometiéndonos una gran comida; y, aunque no habríamos tenido esa comida, el patrullero no habría golpeado al Padre. El Padre pagó un precio por nuestro beneficio. Entonces me arrepentí profundamente por haber mostrado mi debilidad y haber sido la causa de que golpearan al Padre. Para mí era muy claro que es el Padre quien paga cada bendición que nosotros agradecemos al Cielo.  Si nosotros tuviéramos una gran fe probablemente no necesitaríamos ser animados y alentados por medio de grandes bendiciones y entonces el Padre no tendría que sufrir tanto.

Tan pronto como salió el sol dejamos la casa y tuvimos que volver a parar al anochecer. A menudo era imposible caminar durante la noche, aunque quisiéramos hacerlo, por el terreno montañoso. Había muchas casas vacías por el camino, dejadas por refugiados que ya habían partido, así que parábamos en una de ellas y seguíamos a la mañana siguiente.

Un día pudimos caminar toda la noche y casi amanecía cuando llegamos a un pequeño pueblo y encontramos una casa adecuada  donde estar. No había nadie allí así que entramos y dormimos durante el día. Cuando parábamos en una casa mi misión era hacer fuego para calentar el piso para dormir. Pero en ese lugar particular no había madera para usar como combustible. La alternativa era quemar la puerta o alguna parte de la casa, pero eso significaría dormir al aire libre.

Busqué por todos lados algo que sirviera como combustible aunque fuera pasto seco, pero para mi sorpresa no había ni siquiera eso. Seguí caminando y buscando hasta que vi un pequeño cerro. No había pajas allí, sólo una pequeña tumba. Pero luego vi al lado de la tumba una camilla de paja sostenida por dos palos. Traje los palos y encendí el fuego con ellos. Sólo más tarde me di cuenta de que la camilla se había usado para traer a una persona muerta a la tumba, y luego, con la prisa del momento, la habían dejado allí.

Los tres estábamos muy cansados, y aunque el piso estaba muy frío el Padre el Sr. Pak se echaron. Yo encendí el fuego y estaba esperando que el piso se calentara cuando el Padre me llamó desde el otro cuarto. No se preocupó por abrir la puerta, simplemente gritó para saber que madera estaba quemando. Le conté detalladamente cómo había buscado madera por todos lados sin poder encontrar nada hasta que encontré los palos en el cerro, al lado de la tumba. Entonces el Padre me dijo que no se puede usar cualquier madera como leña. Aunque estaba en el otro cuarto el Padre sabía lo que estaba haciendo.

Al día siguiente hicimos unas pocas millas más y llegamos a una casa donde muchos otros refugiados habían buscado abrigo esa noche. Comimos algo y con el aire cálido empezamos a sentir sueño. El Sr. Pak y yo le preguntamos al Padre al mismo tiempo si íbamos a pasar la noche allí. Normalmente el Padre habría contestado que sí, pero esa noche dijo que era mejor que siguiéramos. Le preguntamos varias veces si no sería mejor descansar y seguir por la mañana, pero después de la primera negación el Padre no contestó nuestras preguntas, simplemente se paró y dijo que era mejor que nos fuéramos. Así que salimos de nuevo.

A pesar de que estábamos el Sr. Pak y yo seguimos avanzando, y aproximadamente a la una de la tarde llegamos a un lugar donde el Padre decidió descansar. Al día siguiente tuvimos que cruzar el río bastante ancho, pero a la mañana temprano estaba helado, lo que nos permitía pasar. Luego vimos un avión y no lejos de nosotros oíamos fuego de artillería. Del otro lado del río podíamos ver al ejército de los EE.UU. preparando una nueva posición de defensa. Debido a la batalla que habría se había decidido ese día que no permitiría pasar a más refugiados, y estábamos entre las últimas personas que pudieron dejar el Norte. Entonces supe por primera vez por que el Padre no había respondido a nuestro pedido de quedarnos en la casa la noche anterior. Si nos hubiéramos quedado allí el bloqueo nos habría cortado el camino al Sur.

Esa es la razón por la que yo soy más temeroso que nadie de las declaraciones del Padre. Por mis experiencias con él, si dice algo no podemos tomarlo a la ligera.

Cuando al final llegamos al Sur dejamos al Sr. Pak en casa de unos parientes en Seúl, y el Padre y yo seguimos caminando. Más tarde nos subimos a un tren, trepando por el frente de la máquina. Aunque el aire frío era como un cuchillo que se clavaba en nuestra carne nosotros sentíamos que eso era mejor que caminar. estábamos literalmente colgados del tren y fuimos así todo el camino, hasta Pusan. El lugar donde subimos al tren era un pequeño pueblo de campo llamado Ulsan. Ahora el astillero más grande del mundo está allí. La estación en la que bajamos cerca de Pusan ahora tiene un gran centro cívico.

El Ministerio del Padre en Pusan.

No sabíamos de nadie que pudiéramos buscar en Pusan excepto un ex-estudiante del Padre, y pasamos la noche en su casa. Yo salí a buscar trabajo y una pieza donde dormir, ya que un hombre sano físicamente no podía estar demorándose en la casa de alguien. Pronto me encontré con un ex-compañero de estudios del Padre, el Sr. Aum, un arquitecto que algunos de ustedes deben conocer. El Sr. Aum invitó al Padre a vivir con él y yo seguí trabajando en un restaurante y viviendo cerca.

Por supuesto, el Sr. Aum no tenía idea de quien era el Padre, sólo lo conocía como un buen amigo. Nunca había pensado en él como en Maestro, por ejemplo, el Padre empezó a enseñarle muchas cosas de inmediato. Aunque el Sr. Aum provenía de una familia budista, una noche la hermana de Jesús se le apareció en un sueño. El no sabía nada acerca de Jesús pero esta mujer, que dijo ser la hermana menor de Jesús, le dijo que ella había cometido. Y le contó al Sr. Aum acerca de una caja fuerte que tenía otra, y otra más, adentro, y hasta que la última caja no pudiera abrirse no había modo de que se resolviera su resentimiento. Y como dijo que sólo una persona en la tierra tenía la llave y esa persona era el Maestro Moon. Esto ayudó al Sr. Aum a entender claramente y se convenció de que había seguir al Padre de inmediato y para siempre.

Más tarde el Padre encontró al Sr. Kim que había sido su primer discípulo en la prisión. Recién se había casado. Como él y su esposa eran refugiados no hubo una gran boda sino sólo una simple ceremonia. Tan pronto como vio al Padre otra vez lo llevó a su casa. Los recién casados tenían algunos muebles y unos pocos utensilios en un único y pequeño cuarto, pero dieron la bienvenida al Padre para que estuviera con ellos en esa habitación durante dos semanas.

Cuando yo estaba trabajando en el restaurante el Padre trajo al Sr. Aum a visitarme. Realmente me dio ánimo y esperanza ver la Sra. Aum y escuchar su testimonio. Por este simple acto tuve mucha esperanza y sentí como si en ese momento fuéramos una gran familia.

Recuerdo que el Padre siempre estaba muy hambriento en aquellos días. Cuando venía con otra persona al restaurante yo hablaba con mi patrón, le decía que mi respetado maestro había venido con un invitado y le pedía si podía darles de cenar. La primera vez que vino el Padre el restaurante abrió un cuarto para él y puso una mesa donde el Padre comió sol. El tazón de arroz desapareció con rapidez, entonces traje otro, que pronto también estuvo vacío. Sólo así pude saber que el Padre estaba pasando hambre en esos días.

En la casa del Sr. Kim el Padre comenzó a escribir el libro del Principio Divino. Aparentemente el Padre no podía estar mucho tiempo con el Sr. Kim y su esposa porque me preguntó si había un cuarto extra en el lugar donde yo estaba. Yo justo había oído que había un cuarto para alquilar así que fuimos a verlo. En ese tiempo Pusan era la única ciudad que no estaba ocupada por militares. Muchos refugiados se habían congregado allí por lo tanto los lugares para vivir eran escasos. El que tenía un cuarto para él solo o con amigos era considerados afortunado. Por un tiempo el Padre y yo compartimos un cuarto que era  apenas suficientemente grande como para 2 o 3 personas durmieran una al lado de la otra. Pero aún así era imposible estirarse completamente allí. A menudo venía el Sr. Aum y se quedaba. El no podía tirarse en el suelo totalmente sino que debía descansar apoyado simplemente contra la pared.

El Padre empezaba a escribir el Principio Divino tan pronto como se despertaba en las mañanas. Cuando terminaba de escribir algunas páginas  yo le leía todo de nuevo, entonces él hacía correcciones y agregaba cosas. Durante algunos días hicimos esto diariamente. Mucha gente comenzó a visitar al Padre: conocidos, refugiados del Norte y gente que había oído que él estaba en Pusan. El Padre a menudo los llevaba a un pequeño cerro cerca de donde vivía. Otras veces iba solo a meditar allí. Cuando venía el Sr. Aum el Padre lo hacía cantar durante horas. ¡Si los New Hope Singers” hubieran estado entonces con el Padre en Pusan habrían tenido que cantar de la mañana a la noche! Realmente al Padre le encanta oír cantar.

En su tiempo extra el Padre juntaba rocas pequeñas y arcilla con las más tarde construyó una pequeña casa, que en realidad no era más que una choza.

En ese entonces yo conseguí trabajo como asistente de un pintor en un cuerpo del ejército de los Estados Unidos. Un día estaba dibujando un pequeño cuadro y cuando el Padre lo vio sugirió que practicara durante unos días. Uno de mis compañeros de trabajo en el ejercito también era pintor, y por dinero extra hacia bosquejos de fotos que los soldados americanos le traían de sus novias, esposas o familiares. Mientras él hacia las dos cosas yo hacia el trabajo extra que el dejaba inconcluso. El se sentía mal con esto entonces me ofreció dejarme probar a ver si hacía algo de dinero ayudándole con sus dibujos.

Lo primero que me dio fue la foto de una joven negra. ¡Hasta es momento yo nunca había visto una persona negra en mi vida! Como la foto era en blanco y negro yo estaba completamente desorientado, no sabía de que color pintar la cara en el cuadro que estaba haciendo. Finalmente, después de trabajar realmente duro durante 4 horas, terminé un pequeño cuadro. Llevé el cuadro con incertidumbre, pensando que si mi compañero de trabajo estaba feliz con él yo habría triunfado, aunque él no pensara que pudiera pagar algo por ese cuadro. Para mi sorpresa realmente le gustó el retrato y dijo que era muy bueno. No sólo me pago más de lo que esperaba sino que me encargó otros cuadros. Entonces me hice un profesional.

Yo notaba que a medida que se unía más y más gente a la Pequeña Iglesia en Pusan yo recibía más y más trabajo que podía ayudar a mantenerla. Hacer cuadros era sólo un trabajo adicional a mi empleo como pintor en la base del ejercito. Yo terminaba ese trabajo y traía todas mis pinturas a la Iglesia, y allí trabajaba en ellas. Para cuando las terminaba eran las 10 u 11 de la noche. Pronto descubrí que antes de que yo regresara del trabajo el Padre ya estaba preparando todo mí, fijando las pinturas, sacando los pinceles y el papel. El nunca me dejó trabajar solo. Se sentaba a mi lado desde el principio hasta el fin, sin sacar los ojos de mi trabajo, concentrándose conmigo en él. A la noche, cuando terminaba, yo estaba muy cansado y generalmente me iba a dormir de inmediato. Pero a la mañana siguiente encontraba que los cuadros que había hecho estaban prolijamente cortados y enrollados (así era fácil llevarlos), y estaban listos para que saliera con ellos. El Padre me los alcanzaba haciéndome acordar de que los llevara.

Si alguna vez yo no sabía que color usar el Padre siempre tenía una sugerencia. Más tarde, cuando hubo  más y más encargues, yo sólo dibujaba la persona y el Padre hacía el fondo, de una manera totalmente apropiada, en armonía con todo el cuadro. A medida que paso el tiempo yo empecé a hacer solo las caras y el Padre hacía las ropas y el fondo. Luego el Padre comenzó a agregar todos los detalles del cabello. Y esto significaba que podíamos hacer hasta 15 o 20 cuadros por noche. Nunca nos faltaron encargues y entre los dos podíamos arreglarnos. Sin embargo, eso significa trabajar hasta la una o dos de la mañana y recuerdo haber estado a veces hasta las 3 o 4 de la mañana.

A veces un miembro nuevo visitaba al Padre Mientras trabajábamos. Una vez nos visitó una anciana, pero el Padre estaba tan ocupado dibujando que no le prestó mucha atención. Ella estaba cansada así que se echó y estaba por quedarse dormida cuando el Padre le preguntó como podía echarse a dormir mientras otras personas estaban trabajando tan duro, y sugirió que en vez de echarse adormitara descansando contra la pared.

La persona que esta realmente envuelta en su trabajo no siente el cansancio, pero el que esta simplemente mirando, hora tras hora, si siente sueño. Mientras yo trabajaba el Padre podría haber hecho otra cosa, o podría haberme alentado a descansar. Pero nunca lo hizo. En lugar de eso observaba y estudiaba como yo hacia el fondo, las ropas, el pelo. En ese momento yo pensaba que él debería tener sueño de mirar durante tantas horas. Yo me cansaba, pero al mirar al Padre y pensar que él estaría aún más cansado yo podía seguir más fácilmente.

Cuando llegaba fin de mes y me pagaban yo le llevaba el dinero al Padre. Sin embargo, antes de que terminara el mes siguiendo el Padre se quedaba sin dinero. Lo primero que compraba era arroz para un mes, para toda la familia, luego madera para combustible y kerosén para las lámparas,. Después compraba pescado seco y salsa de soja. Yo comía en el hall del cuerpo del ejército así que no tenía problema, pero el Padre tenía que cocinarse sus propias comidas. El Padre cocina arroz mejor que cualquier mujer experimentada.

Yo podía imaginar con facilidad cómo el Padre gastaba el resto del dinero. A menudo la gente que sabía acerca del Padre y su gran conocimiento (visión) lo visitaba, aún personas que sabían mucho y habían pasado hasta 30 años yendo con frecuencia a meditar y orar profundamente a las montañas. En general eran personas muy pobres y no tenían ningún modo de ganar dinero, por lo tanto cuando iban al Padre les daba comida y dinero para el transporte. De ese modo el dinero se iba con rapidez.

Una mañana el Padre me dijo muy arrepentido que se había terminado el dinero. Me explicó en detalle como se había gastado, a quien había dado cuanto, todo especificado. Era muy claro y preciso al gastar el dinero. Yo sentí bastante mal porque sentí que el Padre me estaba rindiendo cuentas porque pensaba que yo podía preguntarme que hacía con el dinero, y quería aclararme mis dudas. Yo sentía que el Padre podía gastar el dinero de la manera que quisiera y eso me haría feliz.

Pero pronto superé ese sentimiento y empecé a apreciar la consideración del Padre hacía mi trabajo para mantener la Iglesia. Aunque éramos muchos miembros yo era la única fuente de ingresos, y apreciaba el cuidado del Padre. Yo quería trabajar más para traer más al Padre, sabiendo que él tenía cuidado al usarlo. Yo podía trabajar y olvidarme del dinero, pero él no. Siempre pensaba cual era la mejor manera de gastarlo.

Como empecé a trabajar mucho algunas veces no volvía a la hora de costumbre. Cuando llegaba tarde al Padre salía a reunirse conmigo en el camino y caminaba de vuelta a casa a mi lado.

Algunas veces me despertaba en medio de la noche al escuchar sollozos o cantos. Yo estaba cansado y al principio no podía darme cuenta de que era, pero más tarde descubría que el Padre no estaba durmiendo sino estaba arrodillado, llorando y cantando mientras oraba.

El Padre iba siempre a las sierras en la oscuridad completa, y a veces me despertaba a mí para ir con él. El me decía que me quedará en un lugar y rezara mientras él iba un poco más lejos a rezar a otra roca. Una mañana muy temprano el Padre me despertó y me dijo que encendiera las lámparas y alistara papel y lápiz. Estaba muy oscuro, excepto por esa única lámpara. El Padre me dijo que escribiera lo que él iba a decir, y luego me dictó el capítulo acerca de la Segunda Llegada de Cristo.

No paró hasta que no terminó todo el capítulo. En general, cuando uno está escribiendo, escribe, luego lee lo que escribió y hace correcciones y luego sigue; pero el Padre seguía hablando sus propios pensamientos y terminó todo el capítulo de una vez. El resto del manuscrito está escrito por el Padre, pero esa parte me la dictó, así que está en  mi escritura en vez de la de él. Esto es simplemente para darles una idea de cómo el Padre escribió el original del Principio Divino.

Había una anciana que había sido miembro de la Iglesia del Padre en el Norte y que visitó al Padre algunas veces en la prisión. Era de una familia muy cristiana, y cuando empezó la guerra su familia se refugió en Pusan. Ella sabía que el Padre estaba en Pusan, pero su familia era muy estricta en sus creencias entonces para ella era difícil visitar al Padre muy seguido. El Padre lea extrañaba mucho, así  que un día de invierno fue a pararse a cierta distancia de la casa de ella con la esperanza de verla por un momento. Estuvo casi todo el día parado en la nieve, azotado por un frío cruel, hasta que finalmente en la tarde la vio pararse por un instante al lado de la ventana. Sin embargo, ella no vio al Padre, que después de esto regresó pronto a casa.

Un día, poco después de ese incidente, ella estaba cocinado arroz para la cena de su familia cuando de pronto su brazo comenzó a temblar fuera de control. Y una vez del cielo la retó: “¿Crees que te he llamado para hacer arroz para tu familia?; ¿no sabes que el Padre tiene que cocinar para él?”. La familia entera estaba alborotada por lo que estaba pasando a la abuela y no sabían que hacer. Probaron de todo, pero su brazo no paraba de temblar. Era obvio que si eso seguía ella se volvería loca. Finalmente decidieron que debían dejarla ir a la Iglesia del Padre si quería hacerlo, entonces ella pudo venir más seguido.

Como la choza del Padre estaba en una sierra había un lindo manantial cerca, y como el agua era muy buena, muchas mujeres venían a buscar agua para sus casas. Ellas pasaban al lado de la choza en que vivíamos el Padre y yo observaba que allí había dos jóvenes sinceros. Empezó el rumor de que estos jóvenes eran buenos. Había dos jóvenes misioneros de pioneros en esa área, un hombre y una mujer. Ellos oyeron hablar de estos dos jóvenes y se interesaron en presentárselos a Cristo. Uno de ellos vino a sermonearnos al padre y a mi.

La joven mujer con la esperanza sincera de convertirnos. Yo ya me había ido al trabajo, pero como el Padre extrañaba tanto a sus miembros había bajado la sierra esperando encontrar a alguno de ellos. En ese momento esta misionera vio al Padre y pensó que él debía ser uno de los dos jóvenes, así que le empezó a hablar. El Padre la llevó a la choza para hablar allí, en vez de estar parados en la calle.

Más tarde ella dijo a nuestros miembros que tan pronto como entraron el Padre empezó a hablarle, sin darle la oportunidad de hablar. El siguió hablando acerca de la providencia cósmica., y el futuro del Cristianismo en términos tan gigantescos que ella apenas podía imaginarse. Todo lo que decía era tan sensato y razonable que ella sentía que podía aceptarlo, pero cuando miraba a su alrededor, a la raída choza, apenas podía creer que un gran logro mundial pudiera empezar allí.

Después ella empezó a preocuparse por lo que iba a pensar la gente (después de todo, era una joven misionera a quien habían visto entrar en esa choza y salir después de largo tiempo), así que se despidió y regresó a su iglesia. No podía sacarse las palabras del Padre de la cabeza, así que a la mañana siguiente regresó temprano para escuchar más. Ella se había graduado en un seminario, el Padre le dijo que abriera la Biblia y leyera en voz alta cierto versículo. Para su sorpresa, ese versículo era uno que la había confundido durante largo tiempo, siempre había querido encontrarle una explicación profunda. Ella recibió del Padre el entendimiento de ese pasaje, y luego, mientras él seguía hablando, recordó otro pasaje que era un problema para ella. Sin falta, en pocos minutos el Padre le dijo que abriera la Biblia en cierto pasaje, y para su sorpresa era exactamente aquel en el que ella había estado pensando. Sin testificar fuera siempre así “Qué fácil sería”. Pronto ella se hizo un miembro regular.

Dándole un poco de dinero, el Padre le dijo que fuera a Taegu como pionera. Ella tenía la esperanza de que impresionaría a su ministro tanto como ella se había impresionado. Pensaba que él entendería el Principio Divino, más rápido que nadie. También visito a algunos de sus conocidos para contarles. Sin embargo, debe haber llorado mucho porque no pudo hacer ningún progreso con ellos. Ella estaba absolutamente segur que el Padre tenía la verdad y  testificaba con tanta seriedad, pensando que tenía que encontrar a alguien que pudiera entender y hacerse miembro, buscando a alguna persona preparada por el Cielo.

Un día estaba caminando y de pronto sus pies se detuvieron, no dieron un paso más. Enseguida supo que en esa área debía vivir alguien que el Cielo quería que encontrara, entonces decidió caminar caminando a esa persona. Y encontró un ama de casa que le había visto en un sueño la noche anterior; en ese sueño le habían dicho que vendría a verla una misionera y que debía tratarla con el mayor cuidado. Así fue hallada la primer miembro de la Iglesia en Taegu.

El Padre siempre extrañaba mucho a los miembros cuando no estaban, más que si fueran sus propios hijos.. Debido a su amor, también los miembros lo extrañaban a él, especialmente cuando no tenían la libertad de visitar la iglesia cuando quisieren. Había una anciana que era miembro cuya familia se oponía firmemente a que ella viniera a la Iglesia, por lo tanto ella subía al piso de arriba de su casa, al balcón, y se quedaba mirando en la dirección de la Iglesia, esperando que el Padre saliera o que alguno de los  miembros  pasará por la casa. Si ustedes sintieran anhelo semejante por los miembros de su hogar – Iglesia no podrían estar lejos de ellos, y ellos, por su parte, nunca los olvidarían. Ellos estarían todo el tiempo en sus mentes. Para concluir quiero darles el testimonio de una mujer que se unió. Ella había llevado una profunda vida religiosa en más de 20 años y había recibido la gracia de Dios. Había conocido al Padre cuando era estudiante y una vez, en una reunión de oración en el que el ministro había pedido al Padre que orara, se había sentido tan conmovida y excitada por la oración del Padre que fue ha estrecharle la mano. Años después se encontró con el Padre en la calle, en Pusan, y él la llevó a la choza que era la Iglesia en ese entonces. y aún entonces, que ella era abuela y él había crecido, ella miraba al Padre como algún joven estudiante que ella había conocido.

Era una mujer de una fe tan profunda que cuando rezaba acerca de algo, el Cuelo siempre le respondía casi inmediatamente. El Padre le dijo que fuera y rezará preguntándole a Dios a quien amaba más, si a toda la Humanidad o a un individuo, Sun Myung Moon. Esto la tomó totalmente por sorpresa. No pensaba que fuera correcto rezar de esa manera, pero sabía que el Padre no era un hombre común y que era sincero en lo que decía, así que decidió hacerlo.

Esa noche fue a la montaña, donde iba siempre y rezó con mucha sinceridad durante toda la noche, enfocando en lo que el Padre le había dicho, para su sorpresa Dios respondió: “Amó a Sun Myung Moon más que a toda la humanidad junta”. Ella informó al Padre la respuesta exacta que había obtenido, entonces el Padre le dio otro tema de oración, preguntar al Cielo a quien Dios amaba más, si a Jesucristo o a Sun Myung Moon. Esas eran las palabras más fuertes que ella podría haber oído y se sentía reacia a preguntar semejante cosa en oración y volvió a su casa sin llevar la sugerencia del Padre. Pero pronto comenzó a sentirse descompuesta y se dio cuenta de que no podía evadirse fácilmente, recordó que Dios le había dicho que amaba al reverendo Moon más que a toda la humanidad. Y lo escuchó ella misma con claridad. Entonces pensó que quizá esta segunda oración no era tan irrazonable, y que tal vez debía hacerlo.

Cuando oró tuvo una visión como respuesta. El Padre y Jesús estaban  parados delante de ella, y Dios mismo, que la había guiado y alimentado y amado tanto estaba allí en espíritu parado entre los dos. Aquel Dios a quien ella conocía bien comenzó a moverse hacia el Padre en la visión, acercándose más y más hasta que se esfumo dentro de él y desapareció.

Ahora esta mujer es muy vieja pero fuerte y sana, y esta viviendo en Seúl y es muy fiel a nuestro Padre.

El Padre nos dio un sermón maravilloso esta mañana, como siempre, hizo un  pequeño punto acerca de aquellos que son los buenos hijos de los Padres verdaderos, dijo que la persona que hace todo lo que puede y aún siente que no ha hecho lo suficiente es digno de ser hija de ellos. Esta definición parece ser muy correcta. Como el Padre escribió en la canción que compuso en la prisión, “Bendición de Gloria”, nosotros queremos devolverle a Dios todo lo que ha hecho por nosotros, pero cuanto más queremos devolverle, más incapaces nos sentimos. Estas palabras son la esencia de la enseñanza del Padre acerca de nuestra posición frente a Dios y los padres verdaderos.  Es increíble cuanto el Padre ha hecho por Dios, pero aún siente que podría haber hecho mucho más, y siente vergüenza e incapacidad. Eso es lo que derrite el corazón de Dios hacia el Padre y lo que le hace sentir que no puede arreglárselas sin el Padre. La vida del Padre se caracteriza por su amor aún hacia los miembros más nuevos y más simples, siempre perdonando sus errores y sintiendo que no les ha dado lo suficiente. Ese es el amor en el corazón del Padre, como nuestros Padres son así nuestra esperanza es hacerlos como ellos, tratando de amar a Dios y a nuestros padres con todo nuestro corazón, y lo mismo con los miembros más jóvenes. Todo lo que he dicho hoy lo dije con la esperanza de que sea útil para nosotros, para hacernos más semejantes a nuestro Padre y madre.

Ustedes y yo tenemos los mismos padres y por lo tanto, estamos ligados en relaciones genuinas de amor. Como hermanos y hermanas. Hasta ahora nadie había tenido este privilegio, ni en el cielo ni en la tierra. Teniendo esa confianza y amándonos unos a otros, dando lo mejor de nosotros por nuestras misiones, la providencia celestial se acortara y podremos cumplir en pocos años lo que de otro modo llevaría 10 años. Demos lo mejor de nosotros para unirnos y cumplir la providencia de Dios y nuestros padres verdaderos.

Que Dios les bendiga a todos. Que escucharon tan atenta y sinceramente. Gracias.


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